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ocurrió un 5 DE ABRIL

ocurrió un 5 DE ABRIL
1588:Nace el filósofo Thomas Hobbes.
Thomas Hobbes (/hɒbz/; Westport, cerca de Malmesbury, 5 de abril de 1588 – Derbyshire, 4 de diciembre de 1679), en ciertos textos antiguos Thomas Hobbes of Malmesbury,​ fue un filósofo inglés considerado uno de los fundadores de la filosofía política moderna.​ Su obra más conocida es el Leviatán (1651), donde sentó las bases de la teoría contractualista, de gran influencia en el desarrollo de la filosofía política occidental. Además del ámbito filosófico, trabajó en otros campos del conocimiento como la historia, la ética, la teología, la geometría o la física.​
Además de ser considerado el teórico por excelencia del absolutismo político, en su pensamiento aparecen conceptos que fueron fundamentales del liberalismo, tales como el derecho del individuo, la igualdad natural de las personas, el carácter convencional del Estado (que conllevará a la posterior distinción entre este y sociedad civil), la legitimidad representativa y popular del poder político (al poder ser este revocado de no garantizar la protección de sus subordinados), etc. Su concepción del ser humano como igualmente dependiente de las leyes de la materia y el movimiento (materialismo) sigue gozando de gran influencia, así como la noción de la cooperación humana basada en el interés personal.
Hobbes fue un personaje controvertido en su época, aunque su pensamiento haya sido después muy influyente; tal vez era demasiado moderno para su época y demasiado conservador para las siguientes; de hecho en 1666 se quemaron sus libros en Inglaterra por haber sido considerado ateo y tras su muerte se volvieron a quemar públicamente. Tuvo en vida que batallar sin tregua contra dos grandes enemigos: la Iglesia de Inglaterra y la Universidad de Oxford.
Su pensamiento se formó en estrecho contacto con los círculos europeos de René Descartes, Pierre Gassendi y Galileo Galilei, no solo desde Inglaterra, a través del cenáculo intelectual reunido por la familia Cavendish, de la que fue preceptor en varias ocasiones, sino directamente por medio de sus largos viajes por Francia, Italia y Alemania. Las guerras civiles entre parlamentarios puritanos y realistas le hicieron refugiarse en París en 1640 y, vuelto a su país once años después, su defensa de un poder fuerte monárquico y conservador le valió una pensión del rey Carlos II de Inglaterra.
En octubre de 1679, Hobbes sufrió un trastorno de la vejiga y luego un ataque de parálisis, de la que murió el 4 de diciembre de 1679, a los 91 años. Se dice que sus últimas palabras fueron: «Un gran salto en la oscuridad», pronunciado en sus momentos finales de consciencia. Su cuerpo fue enterrado en la iglesia de San Juan Bautista de Ault Hucknall (Derbyshire).
1794:George-Jacques Dantón es guillotinado en París.
Georges-Jacques Danton, llamado también Jorge Dantón (Arcis-sur-Aube, 26 de octubre de 1759-guillotinado en París, en el 5 de abril de 1794), fue un abogado y político francés que desempeñó un papel determinante durante la Revolución francesa y cuyo talante contemporizador fue atacado por los diferentes partidos en pugna. Es considerado por algunos historiadores como la fuerza principal que impulsó la caída del Antiguo Régimen y el establecimiento de la Primera República Francesa, en la jornada del 10 de agosto de 1792.
Fue uno de los primeros líderes del Club de los Jacobinos junto a Robespierre y uno de los primeros en integrar el Comité de Salvación Pública. Finalmente fue arrestado por orden de este último y condenado a la guillotina acusado de corrupción y misericordia hacia los enemigos de la Revolución.
Hace sus estudios de Derecho en la facultad de Reims, tras los cuales obtiene la licenciatura. Aunque inscrito en un despacho de abogados de París, no lo frecuenta con la misma asiduidad con la que visita los cafés, lo que le sirve para conocer a varios futuros revolucionarios: Camille Desmoulins y Marat, entre ellos, así como a la que será su futura esposa, Antoinette-Gabrielle Charpentier (1760-1793).
Antoinette es hija de un próspero propietario de un café, y su dote le permite a Danton comprar el cargo de abogado en el Consejo del Rey en 1787 y llevar una vida acomodada. El matrimonio se celebró el 14 de junio de 1787. Tuvieron cuatro hijos de los que sobrevivieron dos: Antoine Danton y François Danton Georges y ella murió dando a luz al cuarto, que también falleció en el parto.

Como presidente de la «Sociedad de los Derechos del Hombre y del Ciudadano», el Club de los Cordeliers y por sus capacidades como orador va ganando una gran popularidad. Según un biógrafo, “la altura de Danton era colosal, su aspecto atlético, sus rasgos fuertemente marcados, groseros y desagradables, su voz sacudía las cúpulas de los pasillos”,​ pese a su físico poco agraciado y a su cínico discurso, Danton poseía un carisma y una oratoria tan brillantes que conseguía simpatizar con todos.
En enero de 1793, vota a favor de la ejecución de Luis XVI, pese a que anteriormente había propuesto el destierro. En marzo de 1793 participa en la creación del tribunal revolucionario, que preside desde julio el propio Danton. En abril entra en el Comité de Salvación Pública, órgano ejecutivo de la primera República Francesa.
Danton -que había apoyado la creación y concesión de poderes especiales al Comité de Salvación Pública- se opuso a lo que consideraba una dictadura y a la sangrienta represión que el comité lanzó contra todo tipo de disidentes (conocida como el «Terror»). Argumentando que las victorias militares obtenidas por los ejércitos revolucionarios en 1793 hacían ya innecesarias las medidas de excepción, organizó una campaña política en favor de la clemencia y de la aplicación de la Constitución.
Así entrará en franca oposición con Robespierre, no tanto por sus convicciones, que las tienen en común, cuanto por la forma. Danton intenta pacificar el país y llegar a un entendimiento entre girondinos y jacobinos; se opone a la continuidad del Terror, apoyando al grupo denominado de los «indulgentes» y defiende las reivindicaciones de los sans-culottes, desaconsejando la ejecución de Maria Antonieta.
La ruptura entre los «dantonistas» y los jacobinos se consuma a fines del año 1793, período en el que Robespierre intenta mantener el equilibrio político de su gobierno encarándose a los más radicales, así como a los más moderados. Los jacobinos acusan a Danton de malversación de fondos y de haberse vendido a los monárquicos, y se ve comprometido, junto a su amigo y diputado Fabre d’Églantine, en el escándalo de la liquidación de la Compañía de las Indias. A causa de todo ello, Danton se encuentra en peligro y, una vez más, huye, refugiándose en Arcis-sur-Aube.
El 30 de marzo de 1794, quince días después de la ejecución de los «hebertistas», Danton, Desmoulins y Fabre son arrestados bajo la acusación de ser «enemigos de la República», según la denuncia llevada a cabo por Saint-Just.​
Es condenado a muerte y guillotinado el 5 de abril de 1794. Sus últimas palabras fueron: «No os olvidéis, sobre todo no os olvidéis de mostrar mi cabeza al pueblo; merece la pena».
1811:En la noche del 5 de abril de 1811 estalla un movimiento revolucionario en el seno del gobierno patriota que se extiende también durante el día siguiente.
Se pronuncian dos tendencias en la Junta gubernativa. Una responde a Cornelio Saavedra y la otra, a Mariano Moreno. Prevalecen los partidarios de Saavedra, quienes consiguen la destitución del general Manuel Belgrano como jefe del ejército del Paraguay, el reconocimiento del coronel Cornelio Saavedra como jefe de todas las fuerzas de la Capital y de las provincias y la expulsión de los cuatro vocales morenistas de la Junta: Nicolás Rodríguez Peña, Hipólito Vieytes, Miguel Azcuénaga y Juan Larrea.
Tras la formación de la Junta Grande y la partida y muerte del secretario de la Primera Junta Mariano Moreno, el sector que lo seguía quedó en minoría en el nuevo ejecutivo, liderado por su presidente Cornelio Saavedra y los diputados Gregorio Funes y Manuel Felipe Molina.
Mientras el partido de los llamados saavedristas, considerado moderado o incluso conservador en objetivos y procedimientos, estaba más enraizados en la estructura de poder existente al controlar las principales unidades militares y la estructura municipal, su opositor, denominado de los morenistas, considerado más radical en sus métodos y en los tiempos y alcances que pretendían dar a la Revolución de Mayo, controlaban un regimiento y tenían inserción importante en la juventud de la ciudad de Buenos Aires. No obstante ser comparados habitualmente con los jacobinos de la Revolución francesa carecían de la inserción que estos tenían en la plebe a través de los sansculottes.
El Dean Funes afirmaba que a las 23:30 de la noche del 5 de abril de 1811 estaba para acostarse cuando fue a verlo Agustín José Donado (a quien llama uno “de los principales de la Sociedad Patriótica”) lleno de temor porque una multitud avanzaba hacia la Plaza de la Victoria.​
Cornelio Saavedra, por su parte, aseguraba haberse enterado del movimiento en el Fuerte a las 11 de la noche del día 5, cuando el teniente coronel de artillería Bernabé San Martín le advirtió que se reunían manifestantes en los corrales de Miserere, parte confirmado luego por el segundo jefe de resguardo Torres.
Saavedra hizo llamar al sargento mayor de la plaza, Marcos Balcarce, y su ayudante. Balcarce recibió la orden de mantener a las tropas en armas y acuarteladas y el segundo la de llamar a los vocales de la Junta.
Los vocales empezaron a llegar mientras arribaban los primeros manifestantes a la plaza y a la medianoche todos estaban presentes. Los vocales Hipólito Vieytes y Peña increparon a Saavedra fuertemente.
El presidente de la Junta se disculpó aduciendo haber desconocido hasta último momento el objeto de la manifestación y a sus dirigentes. 
La Junta resolvió entonces convocar al Cabildo y para cuando la mayoría de los miembros del ayuntamiento se habían hecho presentes la plaza estaba ya ocupada por mucha gente. El Alcalde de primer voto adujo que convenía reunirse en su sala dado que los manifestantes seguramente se dirigirían en sus peticiones al Cabildo y que así podían suponer que el gobierno los tenía prisioneros. No obstante el apoyo de Saavedra y algunos miembros más de la Junta a esa propuesta, por mayoría se rechazó lo solicitado.
Por orden de Cornelio Saavedra, quien era aún sospechado de responsable último del movimiento, Grigera fue conducido ante la Junta a las dos de la mañana del día 6, sábado y víspera de Domingo de Ramos.
Grigera fue interrogado luego por el diputado morenista Hipólito Vieytes, sin que el alcalde de las quintas se saliera de su discurso invocando el mandato del pueblo hasta que a las seis o siete de la mañana en que con redobles generales de tambores se formaron las tropas en la plaza con excepción del Regimiento América y un tropel de oficiales encabezado por Martín Rodríguez y Juan Ramón Balcarce, acompañado por el doctor Joaquín Campana, oficiales y paisanos, entre cuarenta y sesenta hombres en total, entraron hasta la sala del despacho y reclamaron que se diera fin al interrogatorio y se liberara a Grigera y al cabildo para que por su conducto pudieran transmitirse al gobierno las peticiones del pueblo y el ejército. Así, Grigera y los cabildantes volvieron a sus puesto entre las aclamaciones de la multitud.
Al amanecer se presentó una diputación del cabildo compuesta del regidor Manuel Aguirre, el doctor síndico procurador general Miguel Mariano de Villegas y el escribano doctor Justo Núñez, trayendo el petitorio firmado por los alcaldes de barrio y sus tenientes, y de los jefes de regimiento.
Contaba de 17 puntos en contra de cierta porción de individuos que habían formado una facción de intriga y cábala.
Se exigía fundamentalmente la deposición de los morenistas de la Junta (Miguel de Azcuénaga, Juan Larrea, Nicolás Rodríguez Peña, Hipólito Vieytes y su deportación, junto a Domingo French y Antonio Luis Beruti, comandantes del Regimiento América, Ramón Vieytes, Gervasio Antonio Posadas, Felipe Cardoso y Agustín José Donado. También se requería que Manuel Belgrano fuera separado del ejército y regresara a Buenos Aires para enfrentar un sumario por la derrota en Paraguay.
Las vacantes en la Junta debían ser cubiertas por Feliciano Chiclana, Atanasio Gutiérrez, Juan Alagón y Joaquín Campana.
Entre otros puntos, se disponía bajo la dirección de Grigera la reorganización en cuarteles de las quintas, desde el arroyo Maldonado hasta la cañada de Morón.
Pero el punto que encabezaba su petitorio era una exigencia aún más radical:
que se expulsen de Buenos Ayres a todos los europeos de cualquier clase o condición.
A principios de 1811 la Junta había dispuesto la expulsión de los españoles europeos solteros de la ciudad y los morenistas, supuestamente el sector radical, se opuso públicamente a la medida que debió ser suspendida. La antinomia americano-peninsular era fuerte en la plebe, compuesta casi exclusivamente por americanos o descendientes de libertos, y de larga data, pero las invasiones inglesas, la revolución, la vigilancia ante la amenaza de conspiraciones realistas en la ciudad la había tornado crecientemente violenta.
A decir de Saavedra, él y Funes consideraron que dada la situación era preciso conceder la separación requerida pero que otros puntos eran exorbitantes y propusieron modificar algunos artículos, a lo que se opusieron los diputados Juan Gorriti y José Julián Pérez. En cambio, otras fuentes sostienen la posición contraria: que Saavedra y Funes sostuvieron la necesidad de aceptar sin más lo requerido por razones de salud pública, mientras que fueron Gorriti y Pérez quienes solicitaron su modificación por considerar exorbitantes las demandas.
Al final por salir del apuro porque la gente permanecía en su puesto y la tropa no se movía
se acordó lo solicitado pero convocando a una nueva asamblea a realizarse dentro de los ocho días.
Mientras tanto, la primera reacción de los miembros de la Sociedad Patriótica se reducía a la risa y la curiosidad por esa
nueva alianza de charreteras y chiripás que ejercitaba la mordacidad de la servidumbre.​
Se mezclaban entre los paisanos de la plaza, que habiendo desmontado los unos se mantenían sentados, los otros tendidos en el santo suelo, comiendo o fumando y les preguntaban a que iban, pero no sabían para que los habían traído solo se remitían a Grigera. Los jóvenes de la Sociedad Patriótica luego iban a los cafés a comentar y ridiculizar, sin embozo y a carcajadas, las ocurrencias y las grotescas actitudes de estos desvalidos soberanos.​
En tanto se resolvía acerca de lo peticionado, entre las diez y las once de la mañana los comandantes militares y Campana enviaron un ayudante al cuartel del Regimiento de la Estrella citando a su comandante French y a Beruti, segundo al mando, a concurrir al Fuerte por orden del gobierno. Al llegar a la plaza Mayor, ambos fueron arrestados y encerrados en el cuartel de Arribeños, que estaba sobre la misma plaza. De igual manera, fueron detenidos en sus casas Gervasio Antonio Posadas, Agustín José Donado, el presbítero Ramón Vieytes y Felipe Cardoso.
Cerca del mediodía los miembros de la Sociedad empezaron a tener noticias de los objetivos del movimiento y de su éxito. Finalmente desde los balcones del Cabildo se anunció a los manifestantes la aceptación del petitorio y se los invitó a retirarse. En la misma tarde del día 6 los detenidos eran trasladados con custodia a la Guardia de Luján en espera de su destino.
1818:Tiene lugar la batalla de Maipú. El general don José de San Martín, al mando de fuerzas argentino-chilenas, derrota en los llanos de Maipú, Chile, al ejército realista, al mando del general español Osorio. Tras esta batalla, quedó sellada la independencia de Chile.
La batalla de Maipú, también conocida como batalla de Maipo, fue un enfrentamiento armado decisivo dentro del contexto de la Guerra de la Independencia de Chile. Tuvo lugar el 5 de abril de 1818 en el sector conocido como Cerrillos del Maipo, al poniente de la ciudad de Santiago, donde se enfrentaron las fuerzas patriotas del Ejército Unido Libertador de Chile —formado por las tropas rioplatenses (actual Argentina) y del Ejército de los Andes más el Ejército de Chile— al mando del general José de San Martín, contra el Ejército Real de Chile del Imperio español bajo las órdenes del general Mariano Osorio.

Acaecida la derrota patriota en la noche del 19 de marzo de 1818 en Cancha Rayada, las tropas revolucionarias dispersas intentan un reagrupamiento sobre la base de la retirada en orden ejecutada por la columna comandada por el coronel Las Heras y el general San Martín del campo de la derrota. Las tropas americanas emprenden el Camino Real hacia Santiago de Chile.
El hecho de armas acaeció al sur de Santiago de Chile distante aproximadamente a 10 km, en los llanos del río Maipo, allí San Martín organizó a su ejército en una posición elevada esperando el ataque español, el cual se colocó casi cara a cara en una posición elevada de la misma manera que la posición patriota.
La batalla de Maipú tuvo importantes consecuencias en diferentes campos. Militarmente se considera un ejemplo de estrategia y táctica por el aprovechamiento que se dio de los movimientos previos y posteriores a la batalla, el excelente empleo que se dio a las armas, y el uso de la reserva para atacar al enemigo por su punto más débil. Se ha comparado a la campaña de San Martín en Chile con la de Epaminondas; ambos ganaron dos grandes batallas decisivas y usando un orden oblicuo.
La batalla misma es comparada por sus consecuencias con las que tuvieron los triunfos patriotas en Boyacá (de manera inmediata) y Ayacucho (a largo plazo). Si Maipú hubiera acabado de otro modo imposibilitando que las otras dos sucedieran y además de que Chile no se independizara y el movimiento patriota quedara encerrado en Argentina y el Océano Pacífico no hubiera pasado al control patriota, imposibilitando las campañas de San Martín y Simón Bolívar en el Virreinato del Perú, donde había 30 000 soldados realistas.
Otro efecto de la batalla fue que dañó irreparablemente la moral de los realistas en la América española. Maipú pasó a ser considerada la precursora de las futuras victorias patriotas en las siguientes campañas
1819:Tras la firma un armisticio en Rosario entre Estanislao López y Juan José Viamonte, se suspenden las hostilidades entre Santa Fe y Buenos Aires.
1830:Nace en Buenos Aires Vicente G. Quesada.
Vicente Gregorio Quesada (n. 5 de abril de 1830 en Ciudad de Buenos Aires – f. 19 de septiembre de 1913 en Buenos Aires) fue un diplomático, escritor y periodista argentino, fundador de la “Revista del Paraná” en 1861.
Nació en Buenos Aires el 5 de abril de 1830.
En la Universidad de Buenos Aires obtuvo el título de doctor en jurisprudencia 1855.
En 1853 viaja por el interior del país y se radica en Paraná (Argentina) entonces capital de la Confederación Argentina, donde obtiene un cargo en el Ministerio del Interior.
En 1856 es designado diputado nacional por Provincia de Corrientes, y en 1860 se lo nombra secretario del Instituto Histórico y Geográfico.
Conjuntamente con el editor Carlos Casavalle, director del Boletín Oficial de la Confederación Argentina, funda y dirige la “Revista del Paraná”. ​ Obra visionaria de la cultura pretende según declaran sus creadores: “…la formación de un círculo literario nacional, que se consagre preferentemente al estudio de nuestro país y lo dé a conocer en todos sus aspectos: que preste a la historia, literatura y legislación americanas una atención especial, poniéndonos al corriente del movimiento intelectual de las repúblicas Hispano-Americanas” ​
Fue un hombre del siglo XIX. Nació en Buenos Aires en 1830, pero su proyección pública se inicia puntualmente después de la batalla de Caseros, debido a vinculaciones al general Justo José de Urquiza en la ciudad de Paraná, y su brillante capacidad intelectual y vocación patriótica le dieron un lugar de notoria relevancia. La batalla de Pavón y el triunfo del mitrismo postergó su proyección política, dedicándose a los trabajos intelectuales de investigación. De pensamiento lucido y de un amplio espíritu nacional que se percibe en sus escritos, tanto en la defensa de los espacios territoriales como en la identidad cultural de la Nación.
En la función pública fue elegido diputado nacional por Corrientes en los años 1856 y 1859, Director de la Biblioteca Pública de Buenos Aires en 1871, Ministro de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires en 1877, Diputado por Buenos Aires en 1878, Presidente de la Academia de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Cumplió funciones diplomáticas en Brasil, México, España y el Vaticano. Cuando ya era ministro plenipotenciario en Madrid, fue elegido como árbitro, por común acuerdo de los gobiernos Mexicanos y de los Estados Unidos, para resolver el caso Oberlander. En 1889 representó a la Universidad de Buenos Aires en el Congreso de Orientalistas de Roma, y en 1892 a la República Argentina en las fiestas celebradas en Madrid con motivo del cuarto centenario del descubrimiento de América. Opositor a los planteos mitristas que empujaron a la Argentina en la guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay. En esta oportunidad no citaremos la totalidad de las numerosas obras de Quesada, pero entre sus publicaciones más sobresalientes podemos mencionar las siguientes: “Recuerdos de España”, “Crónicas Potosinas”, “Los indios de las provincias del Río de la Plata”, “Memorias de un viejo”, “La sociedad Hispanoamericana bajo la dominación española”, “Recuerdos de mi vida diplomática”, “La vida intelectual de la América Española”, “Historia Diplomática Latinoamericana”, “La Patagonia y las Tierras Australes”, entre otros.​
La “Revista del Paraná” editó ocho entregas mensuales, desde el 28 de febrero de 1861 hasta el 30 de septiembre de 1861. El tema predominante es el histórico con textos de Benjamín Victorica, Fray Mamerto Esquiú, Miguel Navarro Viola, Evaristo Carriego (periodista), Luis González Balcarce, Tomás Guido, Tomás Cipriano de Mosquera (sobre la entrevista de Guayaquil), Saturnino Laspiur, Juana Manuela Gorriti ​ (residente en Perú), Juan María Gutiérrez, Carlos Guido y Spano, Juan Bautista Alberdi, Gerónimo Espejo, Diego Barros Arana, Ricardo Palma y muchos otros autores nacionales y extranjeros.​
Autor de numerosos libros, ensayos históricos, biográficos, impresiones de viaje por las provincias del interior del país y un estudio sobre el juicio político en la Argentina.
Publicó además la “Revista de Buenos Aires” y la “Nueva Revista de Buenos Aires”.​
Fue director de la Biblioteca Nacional de la República Argentina. Durante su gestión incorporó gran cantidad de material traído desde el extranjero y realizó mejoras en la infraestructura.
Vicente Gregorio Quesada tuvo una larga actuación en la Cancillería argentina.
Murió en Buenos Aires el 19 de septiembre de 1913.
Su hijo Ernesto Quesada (Buenos Aires 1858-Suiza 1934) fue uno de los precursores del llamado revisionismo histórico en Argentina.
1849:Muere en Perú el general Mariano Necochea.
Héroe de la Independencia, asistió al combate de San Lorenzo, en 1813, y se incorporó luego al ejército del Perú. Peleó en Chacabuco, Cancha Rayada, Maipú, y en la batalla de Junín.
ariano Necochea nació en Buenos Aires el 7 de septiembre de 1792, hijo de padres españoles, del rico vasco navarro Casimiro Francisco Necochea y de María Mercedes Soraza. Viajó a España en los primeros años del siglo XIX, yendo a estudiar matemáticas, humanidades e idiomas a Sevilla. Regresó a Buenos Aires en 1809, a la muerte de su padre, para hacerse cargo de los negocios de este.
No participó en la Revolución de Mayo, y se mantuvo ligado al comercio exterior.
En 1812, sorpresivamente se incorporó al Regimiento de Granaderos a Caballo, que acababa de fundar el coronel José de San Martín, con el grado de alférez. Participó en la batalla de San Lorenzo y, dada su cultura refinada, su jefe le encargó redactar el parte oficial de la victoria. Durante un corto período, formó parte de la guarnición de Santa Fe.
Se unió a la expedición al Alto Perú comandada por José Rondeau, al frente de un escuadrón de Granaderos, con el grado de capitán. Fue el único hombre que se salvó de la sorpresa de El Tejar — algo al norte de Humahuaca — en que fue tomado prisionero el general Martín Rodríguez. Combatió en la batalla de Venta y Media y en la terrible derrota de Sipe Sipe, en la que fue herido de cierta gravedad; no obstante, logró reunir a los Granaderos y otros soldados del ejército derrotado. Llegó en camilla hasta Chuquisaca y fue trasladado a Tucumán.
En 1816 fue el jefe de la escolta del recién nombrado Director Supremo, Juan Martín de Pueyrredón.

Pasó a Mendoza cuando el general San Martín ordenó la concentración de todo el regimiento de Granaderos, incorporándose al Ejército de los Andes. Tuvo un papel destacado en la educación de sus oficiales. Por consejo suyo, también se unió al Ejército su hermano Eugenio Necochea, dos años menor que él, que llegó a ser general del ejército chileno.
Apenas cruzada la Cordillera de los Andes, venció con su escuadrón en el combate de Las Coimas, en las estribaciones de la Cordillera.
Luchó en la batalla de Chacabuco a órdenes del general Las Heras. Bajo su mando hizo la campaña del sur de Chile, combatiendo en Gavilán, en el asalto a Talcahuano y en la sorpresa de Cancha Rayada. En ésta — o, según otras fuentes, poco después — fue herido en la mano, por lo que no pudo combatir en la batalla de Maipú.
Permaneció en Chile hasta el comienzo de la campaña independentista al Perú. Fue de los primeros firmantes del Acta de Rancagua, en que los oficiales del ejército expedicionario confirmaban en el mando a San Martín.
Poco después de desembarcar en Paracas, fue el segundo del general Juan Antonio Álvarez de Arenales en las dos campañas de la Sierra, y luchó en las batallas de Nazca y Cerro de Pasco. Fue ascendido a general durante el sitio del Callao, y quedó al mando del Regimiento de Granaderos a Caballo.
Tras la retirada de San Martín en 1823, quedó en el Perú a las órdenes de Simón Bolívar, que lo nombró por un tiempo gobernador de Lima. Fue uno de los dos jefes de la caballería argentina en la batalla de Junín, combate heroico en que sólo hubo participación de la caballería. Fue él quien inició el ataque, pero fue seriamente herido. La victoria fue posible gracias a la división de Isidoro Suárez, el otro jefe argentino. No pudo participar en la que sería la victoria definitiva, la batalla de Ayacucho.
Bolívar lo designó director de la Casa de Moneda. Tras un altercado con el gobierno peruano presidido por Bolívar, en el que fue acusado de participar en una conjura opositora y arrestado, regresó a Buenos Aires en 1826. Al salir del país devolvió las condecoraciones diciendo: “del Perú solo quiero llevarme las heridas”.
Al llegar, el presidente Bernardino Rivadavia lo nombró jefe de todas las reservas de Buenos Aires y le negó el permiso para hacer la campaña de la Guerra del Brasil a pesar de su insistencia. Ofendido por esa actitud, regresó al Perú, donde participó en la Guerra grancolombo-peruana comandando la caballería peruana en la Batalla del Portete de Tarqui. Volvió a Buenos Aires a la caída del gobierno de Bernardino Rivadavia.
Fue sancionado por el gobernador Manuel Dorrego por pretender volcar una elección en favor de los unitarios, votando con todo su regimiento. No obstante, algunos autores citan el episodio como la intervención de Necochea en contra de un oficial partidario de Dorrego, que pretendía hacer votar a sus soldados en su favor.
Apoyó a Juan Lavalle en la revolución de diciembre de 1828, pero no tomó parte en la guerra civil que siguió. Abandonó Buenos Aires a fines del año siguiente, poco después de la caída de Lavalle.
Tras pasar un tiempo en Montevideo y en Chile, regresó al Perú en 1831. Nuevamente fue puesto al frente de la Casa de Moneda.
Fue ascendido al grado de mariscal por el gobierno peruano en 1834, pero durante la Confederación Perú-Boliviana dirigida por Andrés de Santa Cruz, se exilió en Chile. Tras la derrota de este en la batalla de Yungay pasó a Montevideo.
A principios de 1840, como parte de la campaña contra los federales, el presidente uruguayo Fructuoso Rivera lo envió a Entre Ríos a recoger algunas vacas – léase robar ganado – para alimentar su ejército. Tras un período en Montevideo, regresó al Perú y retomó sus actividades en la Casa de Moneda.
Falleció en Miraflores, Perú, el 5 de abril de 1849.
En la provincia de Buenos Aires se encuentra la ciudad de Necochea, cabecera del municipio del mismo nombre. El Ejército Argentino denomina con su nombre al Regimiento de Caballería de Tanques Nro 8 con asiento en la ciudad de Magdalena en la misma provincia. También es homenajeado en las principales ciudades de la Argentina, mediante la imposición de su nombre a diferentes calles. En el Perú es considerado un héroe de la independencia y ostenta el título de Gran Mariscal del Perú. El Ejército del Perú ha denominado con su nombre al Regimiento de Caballería Nro 7 acantonado el la localidad de Suyo, en la provincia de Sullana, en el departamento de Piura. Sus restos descansan en Lima en la iglesia de San Carlos.
El 5 de abril de 1949, al cumplirse el centenario de su muerte, el presidente argentino Juan D. Perón solicitó al gobierno del Perú la restitución de los restos del héroe.
La respuesta del gobierno peruano fue que Necochea había vivido mucho más tiempo en el Perú que en la Argentina, que se había transformado en ciudadano del Perú por voluntad propia, que el pueblo del Perú lo amaba y que había sido mariscal de sus ejércitos, por lo que no aceptó el traslado propuesto por la Argentina.
1879:Durante la Guerra del Pacífico, Chile le declara la guerra a Perú, cuando este país se solidariza con Bolivia.
Un día como hoy en 1879, el gobierno chileno le declaró la guerra a su similar peruano, iniciando así la Guerra del Pacífico. Perú se vio involucrado “involuntariamente” debido al Tratado de Alianza Defensiva celebrado en secreto con Bolivia en 1873.
El país pudo optar por considerar el tratado como obsoleto, ya que Bolivia firmó un tratado de límites con Chile en 1874 sin consultar al Perú. Sin embargo, las autoridades peruanas decidieron apoyar a sus aliados del altiplano.
El conflicto involucró a los presidentes Hilario Daza (Bolivia), Mariano Ignacio Prado (Perú) y Aníbal Pinto (Chile). El salitre boliviano, y las tasas que este país fijaba a Chile para su extracción fueron la causa principal del conflicto, por lo que también es conocido como “La Guerra del Guano y del Salitre”. Este terminó para el Perú el 3 de mayo de 1879 con el Tratado de Ancón.
1912:Nace en Santa Fe Carlos Gustavino. Pianista y compositor, es el autor de obras como «Se equivocó la paloma» y «La tempranera». Murió el 28 de octubre de 2000.
Nació y falleció en Santa Fe, ciudad capital de la homónima provincia argentina. De allí partió, con la pujanza característica de los jóvenes provincianos eclipsados por la inquietante actividad cultural y económica de Buenos Aires. Allí regresó, anciano ya, para compartir los últimos años de su existencia con su terruño y descansar definitivamente en la localidad aledaña de San José del Rincón, aquella que se evoca de manera tan intensa en su canción “Pueblito, mi pueblo”.
Su niñez transcurrió en el seno de una familia que, como muchas de principios del siglo XX, era aficionada a la música. Sus padres, Amadeo y Josefina, ejecutaban la guitarra y la mandolina respectivamente. Su tío Pedro improvisaba en el clarinete y su hermano mayor, José Amadeo, en el piano. Espontaneidad e intuición musical fueron las primeras experiencias lúdicas de Carlos, el tercero de aquellos seis hermanos, que apenas con cuatro años de edad, siendo discípulo de la pianista Esperanza Lothringer, debutó en el Teatro Municipal en la interpretación de una pequeña composición para dúo de violín y piano escrita por ella.
Aprehendió la música popular rural de manera espontánea, sintiéndose impactado especialmente por el cielito y el triste. Aún anciano, recordaba de memoria y con especial cariño aquellas coplas que su tío Pedro, un hombre de campo natural de la provincia de Buenos Aires, solía cantar en sus visitas a Santa Fe.
Atraído por las Ciencias Exactas desde la adolescencia, tras finalizar el bachillerato, abordó la carrera de Ingeniería Química en la Universidad Nacional del Litoral sin abandonar, sin embargo, su actividad como concertista de piano. En 1937, tomó contacto con Héctor Ruiz Díaz, siendo clave la experiencia de trabajar a dos pianos con él para su decisión de dedicarse exclusivamente a la música. Con una beca del Ministerio de Instrucción Pública de su provincia, prosiguió estudios de perfeccionamiento en la capital argentina.
Ya establecido en Buenos Aires, tras un paso fugaz de unos pocos meses por el Conservatorio Nacional de Música, continuó estudios en forma privada con el compositor y pedagogo Athos Palma. Con él sistematizó, en un lapso de tiempo intensamente breve, su bagaje de conocimientos empíricos previos, en especial en las disciplinas de armonía, morfología y contrapunto.
Una vida de viajes e intensas experiencias artísticas fue la que llevó durante la década de los años 40’ y 50’. Itinerarios por países limítrofes de Argentina, dos estancias en Londres –una, como parte de una gira europea que incluyó otras ciudades y otra, gracias a una beca del British Council- y además, algunos meses de gira por la Unión Soviética y China en 1956, fueron cimentando su fama de compositor-pianista destacado en el ámbito de su propio repertorio vocal de cámara y pianístico de corte nacionalista.
La posibilidad desde sus comienzos de acceder a la publicación de sus composiciones en la Editorial Ricordi no fue por cierto un tema menor: ello le abrió una vía inmensa de circulación en el ámbito internacional que permitió una vasta divulgación de su música. Su producción es extensa en el campo del repertorio de cámara y solístico: incluye piezas vocales con piano, obras corales a cappella, para grupos instrumentales, piano y guitarra. Algunas alcanzaron tanta difusión que necesitaron ser reiteradamente reeditadas (los casos de las canciones “Pueblito, mi pueblo” y “Se equivocó la paloma” y del “Bailecito para piano” fueron y siguen siendo los más notables en este sentido).
Reconocidos intérpretes clásicos y populares como Concepción Badía, Victoria de los Angeles, Joan Manuel Serrat, Alfredo Krauss, José Carreras, María José Montiel, Teresa Berganza, Jorge Chaminé, John Williams, Miguel Ángel Girollet, Mercedes Sosa, José Cura, Rudolf Firkušný, Víctor Villadangos, Marcos Fink, Eduardo Falú, Gerard Souzay, Cecilia Pillado entre muchos otros, han abordado su música en conciertos y grabaciones a lo largo del siglo XX. Su discografía es muy amplia y en la actualidad continúa creciendo sin pausa. Algunas canciones han sido traducidas a otros idiomas y se escuchan en Indonesia, Japón, Australia, aparte de Europa y Estados Unidos.
Tras un período de 12 años alejado de la vida pública y sin realizar nuevas composiciones, Guastavino volvió a producir, motivado por una nueva relación personal entablada con el músico Carlos Vilo, a quién dedicó especialmente 16 composiciones. Ante este nuevo momento creativo, Guastavino siguió componiendo hasta fallecer, en el año 2000.
Es Guastavino uno de los pocos exponentes del nacionalismo musical argentino que goza de un reconocimiento internacional. Así lo interpretó en 1987 la Organización de los Estados Americanos (OEA) y el Consejo Interamericano de Música (CIDEM) que lo homenajearon con la máxima distinción de ese organismo. Recibió además el “Premio Consagración Nacional” de la Secretaría de Cultura de la Nación (1992), una distinción de la “Asociación de Críticos Musicales de Argentina” (1993), el reconocimiento de la localidad bonaerense de San Pedro como “Ciudadano Ilustre” (1993) por la canción El Sanpedrino (en colaboración con León Benarós) y la declaración como “Personalidad Emérita de la Cultura Argentina” por parte de la Presidencia de la Nación (1999). En 2009 se le otorgó el Premio Konex de Honor, como personalidad musical relevante fallecida en la década anterior.
1928:Muere en Lomas de Zamora, Buenos Aires, Roberto J. Payró.
Roberto Jorge Payró (Mercedes, Provincia de Buenos Aires, 19 de abril de 1867 – Lomas de Zamora, 5 de abril de 1928) fue un escritor y periodista argentino. Ha sido considerado como “el primer corresponsal de guerra” del país.
En Bahía Blanca, fundó en 1889 el periódico “La Tribuna”, donde publicó sus primeros artículos y apoyó la Revolución del Parque​.
Al mudarse a la Ciudad de Buenos Aires, trabajó como redactor del diario La Nación. Durante este tiempo, viajó al interior del país y al exterior. En 1898 viajó a la Patagonia como reportero de La Nación. Sus crónicas sobre la región fueron publicadas el mismo año en el libro La Australia argentina.
Una de sus primeras corresponsalías fue desde Uruguay, donde cubrió La Revolución Oriental, desde el teatro de los sucesos en oportunidad de la sublevación armada de Aparicio Saravia (1903). Ese material fue compilado en Uruguay,​ con un par de reediciones, aunque con el faltante de un par de párrafos y parlamentos de diálogos, corregido en la versión de docentes de la Facultad de Periodismo de la UNLP.​
El trabajo de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social (UNLP) rescató otro material perdido: las caricaturas de los protagonistas históricos, dibujadas por un periodista uruguayo, incluidas por el diario La Nación.​
Acerca de aquellas crónicas sobre el conflicto armado en Uruguay (que no habría de estallar sino hasta 1904), el Canal Encuentro, del Ministerio de Educación de la Argentina, ha tomado a Payró como “el primer corresponsal de guerra argentino”.​
Durante la Primera Guerra Mundial, estuvo en Europa, desde donde escribió un material compilado por la investigadora belga-argentina Martha Vanbiesen de Burbrige y publicado en 2009.​
Participaba en reuniones con otros escritores socialistas, como Leopoldo Lugones, José Ingenieros y Ernesto de la Cárcova. Su biblioteca personal se atesora en la sociedad popular de educación Antonio Mentruyt de Lomas de Zamora por voluntad del propio Payró.
1931:En las elecciones celebradas en la provincia de Buenos Aires, convocadas por el general Uriburu, triunfa la fórmula radical integrada por Honorio Pueyrredón y Mario Guido. Pronto serian anuladas por la dictadura.
Unas elecciones para gobernador se llevaron a cabo en la Provincia de Buenos Aires el 5 de abril de 1931, durante la dictadura de José Félix Uriburu, llegado al poder tras el primer golpe de estado exitoso en la historia argentina, realizado el 6 de septiembre de 1930, que derrocó al gobierno de Hipólito Yrigoyen y su partido, la Unión Cívica Radical. El resultado de estas elecciones, convocadas en un intento de animar al pueblo a “corregir” los excesos del radicalismo por medios democráticos, fueron una victoria para Honorio Pueyrredon, el candidato de la UCR, que obtuvo casi el 49% de los votos y 55 electores. Tras el fracaso del régimen de facto de desalojar a la UCR del poder por medio de las urnas, Uriburu anuló las elecciones antes de que el Colegio Electoral se pronunciara y realizó unas elecciones generales a nivel nacional recurriendo al fraude electoral, dando inicio al sistema de la Década Infame.
Tras realizar el golpe, el dictador José Félix Uriburu propuso el establecimiento de un régimen de partido único, creándose un Partido Nacional, al que deberían adherirse los demás partidos, aunque estaban excluidos el radicalismo yrigoyenista y posiblemente el Partido Socialista. La invitación fue rechazada por todos, salvo algunos grupos conservadores. Antes de fracasar, Uriburu se había adelantado a convocar a elecciones para gobernador de Buenos Aires, confiando en presentar una candidatura única del Partido Nacional frente a los radicales; cuando la fundación de dicho partido no se concretó, no pudo retractarse.​ El radicalismo presentó la fórmula Pueyrredon-Guido, mientras que el conservadurismo se alineó detrás de la fórmula Santamarina-Pereda, del “moderado” Partido Demócrata Nacional. El también debilitado electoralmente Partido Socialista presentó al fórmula Repetto-Bronzini. El radicalismo no pudo realizar una campaña muy amplia y la mayoría de sus líderes se encontraban exiliados, por lo que el gobierno consideró que la UCR se encontraba “fuera de la historia”.
A pesar de haber recibido mayoría de votos y electores, el radicalismo no había recibido los 58 electores requeridos para que Pueyrredon fuera ratificado como Gobernador, por lo que debían negociar con los socialistas para sumar una mayoría de 64 electores. Sin embargo, antes de que el Colegio Electoral se pronunciara, el régimen de Uriburu declaró nulos los resultados, bajo el alegato de que el pueblo “no había aprendido a votar”. El 8 de mayo Uriburu suspendió el llamado al colegio electoral provincial, y nombró gobernador de facto de la provincia de Buenos Aires a Manuel Ramón Alvarado. Los resultados de estas elecciones dieron a entender al régimen que no podrían alejar a la UCR del poder por medio de elecciones democráticas, lo que provocó que se decantaran por hacer uso del fraude electoral (conocido como fraude patriótico) para preservar a los conservadores en el poder.
1933:Se inaugura el Instituto Nacional Sanmartiniano por iniciativa de José Pacífico Otero.
El 5 de abril de 1933, distintas personalidades culturales conformaron una asociación civil para honrar al General José de San Martín, dando origen al Instituto Nacional Sanmartiniano. Su presidente, Eduardo García Caffi, relata los inicios de la institución y las actividades que realiza en pos de la difusión de la gesta sanmartiniana.
José Pacífico Otero era un abogado e historiador, apasionado de la figura del General San Martín. Recorrió el mundo entero en búsqueda de cartas, documentos, objetos e historias relacionadas al Libertador, que compiló en su obra Historia del Libertador Don José de San Martín.
Acompañado por su mujer, Manuela Stegmann, encaró la hazaña de convencer a amigos, diplomáticos y políticos, sobre la importancia de impulsar un estudio sistemático y documentado ligado a José de San Martín que tuviera eco en todos los sectores sociales.
El 5 de abril de 1933 se firmó el acta de creación del Instituto Sanmartiniano bajo la figura de asociación civil. La fecha elegida coincide con el 117 aniversario de la batalla de Maipú, donde los ejércitos del General San Martín y el General O’Higgins recuperaron la independencia de Chile.
La institución comenzó a funcionar en la sede del Círculo Militar (Florida 770) presidido por José Pacífico Otero. Luego del fallecimiento de su esposo, en 1937, Manuela Stegmann invirtió todos sus ahorros para levantar una gran casa que albergue una biblioteca, un museo y sea sede del Instituto.
En 1941 mandó a construir un edificio un tercio más grande que la residencia francesa de Grand Bourg, donde San Martin pasó parte de su retiro (1834-1848). La entonces Municipalidad de la Ciudad Buenos Aires donó un terreno en la actual zona de Palermo Chico y el arquitecto Julio Salas inició la obra. La casa se inauguró formalmente en agosto de 1946, bajo la órbita del Estado Nacional.
Su presidente, Eduardo García Caffi, comparte a continuación la historia de la institución, sus objetivos y actividades en pos de la difusión del legado del General San Martín.
“Estamos conmemorando el 88º aniversario de su creación cuando un grupo de personalidades lideradas por el historiador José Pacífico Otero y nuestro emblemático pintor Benito Quinquela Martín decidieron reunirse y conformar una asociación civil para honrar la figura del padre de la patria, libertador de Argentina, Chile y Perú, José Francisco de San Martín.
Diez años desarrollaron ininterrumpidamente esa actividad y en 1943 el Estado argentino decide conformar el Instituto Nacional Sanmartiniano y ponerlo, en aquel entonces, bajo la órbita del Ministerio de Guerra de la Nación. Luego de sucesivos cambios tenemos la conformación actual y la alegría de integrar el Ministerio de Cultura de la Nación”, detalla García Caffi.
Nuestra academia sanmartiniana, que tiene parte constitutiva de nuestro instituto y que, también, tengo el honor de presidir, se dedica a investigar, a difundir y divulgar la vida y obra del libertador a través de publicaciones, conferencias, artículos en revistas científicas y presencia en los ámbitos académicos y universitarios más importantes de nuestro país.
Tenemos bajo nuestro ámbito las asociaciones culturales sanmartinianas que, diseminadas a lo largo y ancho de nuestro país, desarrollan las actividades de homenajes. Todos los 17 de agosto, en todas las plazas de nuestro país, honran la figura del Libertador, en el día dedicado por la Nación, por su paso a la inmortalidad. Nosotros también participamos de estos actos públicos a lo largo y ancho del país.
-Este 5 de abril estamos llevando adelante no solo la conmemoración de la creación del Instituto sino la Batalla de Maipú, la más importante que diera San Martín en tierra americana cuando, como consecuencia de la misma, le da la libertad plena a Chile. Todavía faltaría conformar una flota e ir por mar al Perú y darle la libertad, que esto va a suceder en 1821.Fundamentalmente, a más de 200 años de estas epopeyas lo recordamos a San Martín porque forma parte constitutiva de nuestra identidad a través de su legado.
San Martín tuvo la libertad como bien supremo y utilizó sus ejércitos como forma de liberación y no de ocupación. Se dedicó a instruir al pueblo a través de los libros. Viajó con doce baúles con más de 800 libros y fundó bibliotecas en cada uno de los lugares que le tocó ejercer su función ejecutiva y libertarlos. La libertad como bien supremo, la educación como forma de desarrollo armónico de un pueblo y las luchas no fratricidas son este gran legado que nos dio San Martín y que todos debemos trabajar día a día para construir aquella patria con la que San Martìn soñó.          
1992:En Perú, el presidente Alberto Fujimori disuelve el congreso y asume todos los poderes.
El Autogolpe de Estado de Perú de 1992, también denominado como Fujimorazo, fue un golpe de Estado propiciado el domingo 5 de abril por el entonces presidente del Perú, Alberto Fujimori, con el respaldo de las Fuerzas Armadas. En este se disolvió el Congreso de la República, se intervino el Poder Judicial, al Consejo Nacional de la Magistratura, el Tribunal de Garantías Constitucionales (hoy Tribunal Constitucional), el Ministerio Público y la Contraloría General de la República. Además, hubo persecución de miembros de la oposición y secuestro de otras personas. El 82% de la población, según encuestas de la época, apoyó esta medida por el desprestigio del parlamento.​
Fue el último golpe de Estado exitoso del siglo XX en Perú.