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OCURRIÓ UN 30 DE MARZO

OCURRIÓ UN 30 DE MARZO
1620:Se crea el obispado de Buenos Aires.
La Arquidiócesis de la Santísima Trinidad de Buenos Aires y Primada de la Argentina (en latín: Archidioecesis Bonaërensis) es una arquidiócesis de la Iglesia católica cuya sede se encuentra en Buenos Aires, capital de la Argentina.
El actual arzobispo es el cardenal Mario Aurelio Poli.
El arzobispo de mayor renombre fue el cardenal Jorge Mario Bergoglio, (hoy papa Francisco).
Su Iglesia Matriz es la Catedral Metropolitana de la Santísima Trinidad.
Está dividida en cuatro vicarías zonales: Flores, Devoto, Belgrano y Centro.
Tiene diez diócesis sufragáneas: las diócesis de Avellaneda-Lanús, Gregorio de Laferrere, Lomas de Zamora, Morón, San Charbel en Buenos Aires (Maronita) , San Isidro, San Justo, San Martín, San Miguel, y Santa María del Patrocinio en Buenos Aires (Ucraniana). El conjunto conforma la Provincia Eclesiástica de Buenos Aires.
El Obispado de la Santísima Trinidad del Puerto de Buenos Aires habría sido erigida el 6 de abril de 1620, como un desprendimiento de la por entonces Diócesis de Paraguay.
La diócesis fue creada mediante la bula Ad clerum, que surgió del consistorio secreto del 30 de marzo de 1620 celebrado por Pablo V en el palacio del Quirinal en la ciudad de Roma.​
El primer obispo de Buenos Aires fue fray Pedro Carranza Salinas , quien fue elegido el 6 de abril de 1620, siendo ordenado como tal el 29 de junio de 1621.
La antigua Iglesia Matriz se erige como Catedral de la Santísima Trinidad.
Fue sufragánea a la Arquidiócesis de Charcas.
La primera desmembración territorial que tuvo la diócesis fue la erección del Vicariato Apostólico de Montevideo en 1830.
La última desmembración territorial que tuvo la diócesis fue para la Diócesis de Paraná, que fue erigida el 13 de junio de 1859, siendo ésta el último desmembramiento territorial de la diócesis del Puerto de Buenos Aires
1793:Nace en Buenos Aires Juan Manuel de Rosas.
Juan Manuel José Domingo Ortiz de Rosas y López de Osornio nació el 30 de marzo de 1793 en Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata. Su nacimiento se produjo en el solar propiedad de su madre, Agustina López de Osornio, que había habitado su abuelo materno Clemente López de Osornio, situado en la calle que en ese entonces se denominaba Santa Lucía, actual calle Sarmiento entre las calles Florida y San Martín, en la ciudad de Buenos Aires.
Importante estanciero bonaerense, militar y político argentino que en el año 1829 ―tras derrotar al general Juan Lavalle― fue gobernador de la provincia de Buenos Aires llegando a ser, entre 1835 y 1852, el principal caudillo de la Confederación Argentina. Fue protagonista de la cruenta guerra civil entre unitarios y federales. Defendió la soberanía nacional contra las presiones del extranjero durante los bloqueos de Francia e Inglaterra. En 1851 el general Justo José de Urquiza, hasta entonces su fiel aliado, se levantó contra él y lo venció en la batalla de Caseros el 3 de febrero de 1852.
Su influencia sobre la historia argentina fue tal que el período marcado por su dominio de la política nacional es llamado a menudo época de Rosas. Era sobrino bisnieto del conde Domingo Ortiz de Rozas, gobernador colonial de Buenos Aires y de Chile.

En 1820 concluyó la etapa del Directorio con la renuncia de José Rondeau a consecuencia de la Batalla de Cepeda que dio paso a la Anarquía del Año XX. Fue en esa época que Rosas comenzó a involucrarse en la política, al contribuir a rechazar la invasión del caudillo Estanislao López al frente de sus Colorados del Monte. Participó en la victoria de Dorrego en el combate de Pavón pero junto a su amigo Martín Rodríguez se negó a continuar la invasión hacia Santa Fe, donde Dorrego fue derrotado completamente en la batalla de Gamonal.
Con apoyo de Rosas y otros estancieros fue elegido gobernador de la Provincia de Buenos Aires su colega el general Martín Rodríguez. El 1 de octubre estalló una revolución, dirigida por el coronel Manuel Pagola, que ocupó el centro de la ciudad. Rosas se puso a disposición de Rodríguez, y el día 5 inició el ataque, derrotando completamente a los rebeldes.
También fue parte de las negociaciones que concluyeron con el Tratado de Benegas, que puso fin al conflicto entre las provincias de Santa Fe y Buenos Aires.
Los desórdenes producidos por la Anarquía del Año XX habían dejado desguarnecida la frontera sur, por lo que habían recrudecido los malones. Martín Rodríguez dirigió entonces tres campañas al desierto, usando una extraña mezcla de diálogos de paz y guerra con los indígenas. En 1823 fundó Fuerte Independencia, la actual ciudad de Tandil. En casi todas estas campañas lo acompañó Rosas, que también participó de una expedición en que el agrimensor Felipe Senillosa delineó y estableció planos catastrales de los pueblos del sur de la provincia. El jefe nominal de esa campaña era el coronel Juan Lavalle.
Durante la guerra del Brasil, el presidente Rivadavia lo nombró comandante de los ejércitos de campaña a fin de mantener pacificada la frontera con la población indígena de la región pampeana, cargo que volvió a ejercer después, durante el gobierno provincial del coronel Dorrego.
Terminada la Guerra del Brasil, el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Manuel Dorrego, ―por una intensa presión diplomática y financiera― firmó un tratado de paz que reconoció la independencia de Uruguay, y la libre navegación del Río de la Plata y de sus afluentes solo por parte de la Argentina y del Imperio del Brasil pero por el término acotado de quince años; lo que fue visto por los miembros del ejército en operaciones como una traición. En respuesta, la madrugada del 1 de diciembre de 1828, el general unitario Juan Lavalle tomó el Fuerte de Buenos Aires y reunió a miembros del partido unitario en la iglesia de San Francisco ―nominamente como representación del pueblo―, siendo elegido gobernador. Siguiendo la misma lógica, disolvió la Junta de Representantes de Buenos Aires.
Juan Manuel de Rosas levantó la campaña contra los sublevados y reunió un pequeño ejército de milicianos y partidas federales, mientras Dorrego se retiraba al interior de la provincia para buscar su protección. Lavalle se dirigió con sus tropas a la campaña para enfrentar a las fuerzas federales de Rosas y Dorrego, a quienes atacó sorpresivamente en la batalla de Navarro, derrotándolos.
Debido a la disparidad existente entre las aguerridas y experimentadas fuerzas sublevadas bajo el mando de Lavalle, con respecto a las milicias que defendían al gobernador Dorrego, Rosas le aconsejó a este retirarse a Santa Fe, para unir fuerzas con las de Estanislao López, pero el gobernador se negó. Mientras Rosas se retiró a Santa Fe con aquel propósito, Dorrego decidió refugiarse en Salto, en el regimiento del coronel Ángel Pacheco. Pero, traicionado por dos oficiales de este ―Bernardino Escribano y Mariano Acha―, fue enviado prisionero a Lavalle. Vencido y hecho prisionero Dorrego, Lavalle, influido por el deseo de venganza de los ideólogos unitarios, ordenó su fusilamiento y se hizo cargo de toda la responsabilidad.
La legislatura de Buenos Aires proclamó a Juan Manuel de Rosas como Gobernador de Buenos Aires el 8 de diciembre de 1829, honrándolo además con el título de Restaurador de las Leyes e Instituciones de la Provincia de Buenos Aires, y en el mismo acto le otorgó «todas las facultades ordinarias y extraordinarias que creyera necesarias, hasta la reunión de una nueva legislatura». No era algo excepcional: las facultades extraordinarias ya les habían sido conferidas a Manuel de Sarratea y a Martín Rodríguez en 1820, y a los gobernadores de muchas otras provincias en los últimos años; también Juan José Viamonte las había tenido.
Lo primero que hizo Rosas fue realizar un extraordinario funeral al general Dorrego, trayendo sus restos a la capital, con lo cual logró la adhesión de los seguidores del fallecido líder federal, sumando el apoyo del pueblo humilde de la capital al que ya tenía de la población rural.
El general José María Paz había ocupado Córdoba y había derrotado a Facundo Quiroga. Rosas envió una comisión a mediar entre Paz y Quiroga, pero este fue derrotado y se refugió en Buenos Aires. Rosas le hizo dar un recibimiento triunfal ―como si hubiese sido el vencedor―, aunque el caudillo consideraba que la guerra había terminado para él.
Paz aprovechó la victoria para invadir las provincias de los aliados de Quiroga, colocando en ellos gobiernos unitarios. Los bandos quedaban definidos: las cuatro provincias del litoral, federales; las nueve del interior, unitarias y unidas desde agosto de 1830 en una Liga Unitaria, cuyo «supremo jefe militar» era Paz.
Cuando el coronel Ángel Pacheco derrotó a Juan Esteban Pedernera en la batalla de Fraile Muerto, Paz decidió hacerse cargo personalmente del frente oriental.
Por su lado, Quiroga decidió volver a la lucha. Pidió fuerzas a Rosas, pero este solo le ofreció los presos de las cárceles. Quiroga instaló un campo de entrenamiento y, cuando se consideró listo, avanzó sobre el sur de Córdoba. En el camino, Pacheco le entregó los pasados de Fraile Muerto: con ellos conquistó Cuyo y La Rioja en poco más de un mes.
La inesperada captura de Paz por un tiro de boleadoras de un soldado de López, el 10 de mayo de 1831, provocó un repentino cambio: Gregorio Aráoz de Lamadrid se hizo cargo del ejército unitario, con el que se retiró hacia el norte y fue vencido por Quiroga en la batalla de La Ciudadela, el 4 de noviembre, junto a la ciudad de Tucumán, con lo cual la Liga del Interior fue disuelta.
En cuanto Rosas dejó el gobierno a fines de 1832, a principios del siguiente año coordinó la campaña con los de Mendoza, de San Luis y de Córdoba para hacer una batida general, que además acompañaría a la otra que había comenzado a principios del mismo año el general Manuel Bulnes en Chile y en el extremo noroeste de la Patagonia oriental, específicamente en los alrededores de las lagunas de Epulafquen. La comandancia general le fue ofrecida a Facundo Quiroga, pero este no participó en ella. Rosas concentró y adiestró la tropa en su estancia de Los Cerrillos, cerca del fortín y pueblo de San Miguel del Monte.
Durante los primeros años de su segundo gobierno, la política de Rosas para con los indígenas alternó tratados de paz y donaciones con campañas de exterminio. Solo después de la crisis que comenzó en 1839 la cambió por una política de paz permanente.
Rosas falleció en el exilio el 14 de marzo de 1877, acompañado por su hija Manuelita, en su finca de Southampton, Inglaterra.
Cuando la noticia de su muerte llegó a Buenos Aires, el gobierno prohibió hacer ningún funeral ni misa en favor de su alma, y organizó un inusual responso por las víctimas de su tiranía.
La casona de Rosas, San Benito de Palermo, quedó abandonada con su exilio, y fue una ruina durante la siguiente década. Luego fue utilizada por el Gobierno Nacional con varios fines: Colegio Militar, Escuela Naval, etcétera, mientras el presidente Domingo Faustino Sarmiento impulsó la transformación de los terrenos de estancia en un espacio público, el Parque 3 de Febrero, llamado en honor a la batalla de Caseros. El edificio siguió en pie hasta el 3 de febrero de 1899, cuando el Intendente Adolfo Bullrich ejecutó su implosión, con muy poca oposición social.
1875:Muere el doctor Dalmacio Vélez Sarsfield. Abogado, autor del Código Civil Argentino. También redactó, junto con el doctor Eduardo Acevedo, el Código de Comercio. Había nacido en Córdoba el 18 de febrero de 1800.
Dalmacio Vélez Sarsfield estudió en el Colegio Nacional Nuestra Señora de Monserrat de la ciudad de Córdoba, y luego siguió la carrera de derecho en la Universidad Nacional de Córdoba, donde se recibió en 1822.​ Se graduó a los 22 años; fue además un aventajado estudioso de las matemáticas y las lenguas, dominando el idioma inglés, el francés, el italiano y el latín.
En 1823 se instaló en Buenos Aires y se casó con su sobrina Paula Piñero Sierra. Inició una intensa actividad política, fue secretario en el congreso rivadaviano de manera interina en la primera sesión, en 1824, por la costumbre de asignar esa tarea al más joven (la presidencia interina se otorgaba al de mayor edad, en su caso el Deán Funes). Ese mismo año fue nombrado catedrático de Economía Política en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.
La toma del poder por Juan Manuel de Rosas significó el fin temporal de su carrera política; Vélez Sarsfield abandonó Buenos Aires y marchó a Córdoba. Tras representar al caudillo porteño en una ronda de negociaciones con Estanislao López que acabó en la firma de un armisticio, regresó brevemente a Buenos Aires para ejercer la abogacía, pero pronto volvió a enemistarse con Rosas y se exilió en Montevideo. Los vaivenes de su relación con Rosas lo trajeron poco más tarde de nuevo a Buenos Aires como jurisconsulto en materia de límites y derecho internacional; en esta época redactó además una exhaustiva compilación del derecho canónico existente, presentada en un Tratado Público Eclesiástico en Relación al Estado que mereció grandes alabanzas.
Fue elegido en 1835 residente de la Academia de Jurisprudencia.​
Redactó el proyecto de Constitución para el Estado de Buenos Aires en 1854 en conjunto con Carlos Tejedor.​
Tras el fin del rosismo, Vélez Sarsfield retornó a la política. Fundó el diario El Nacional, que apoyó primero a Justo José de Urquiza, aunque luego rechazó el Acuerdo de San Nicolás y el caudillo ordenó su cierre. Durante la separación de Buenos Aires del resto de las provincias, ocupó sucesivamente los cargos de senador, encargado de la reorganización del Banco Provincial de Buenos Aires, canciller y negociador diplomático entre Buenos Aires y la Confederación.
En 1858, el Estado de Buenos Aires (separado de la Confederación Argentina) le encargó la tarea de redactar un código de comercio, el cual fue redactado en colaboración con el prestigioso jurisconsulto uruguayo Eduardo Acevedo,​ se terminó en 10 meses, y fue sancionado en 1859. El mismo, después de la reunificación nacional, sería aprobado como código nacional de comercio por el Congreso, mediante la Ley n.º 15 el 10 de septiembre de 1862, siendo reformado en 1889, se mantuvo en vigor hasta el 1 de agosto de 2015. En el mismo año 1862 se le encargó a Vélez Sarsfield la redacción del Código Civil de la República Argentina. La composición de este no se inició hasta 1864, siendo presidente Bartolomé Mitre. Su redacción, ricamente provista de notas y comentarios, le llevó casi cinco años; en 1869 se dispuso del texto completo, que se aprobó a libro cerrado en 1869 durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento,​ y estuvo en vigor desde el 1 de enero de 1871 hasta el 1 de agosto de 2015, siendo reemplazado por el Código Civil y Comercial de la Nación. Fue integrante de la Convención Constituyente que reformó la Constitución en 1860.​
Durante un año, Vélez Sarsfield fue ministro de Hacienda de Bartolomé Mitre, y luego ministro del Interior de Domingo Faustino Sarmiento, quien asumió la presidencia en 1868. Sarmiento y Dalmacio Vélez Sarsfield fueron los mayores propulsores de la telegrafía eléctrica en el país. El 5 de agosto de 1874, en las postrimerías de su período presidencial, Sarmiento inauguró la primera comunicación telegráfica con Europa. Sarmiento decretó que el día de la inauguración del cable telegráfico ―que, en sus palabras, convertía a todos los pueblos en «una familia sola y un barrio»― fuese feriado nacional. La ceremonia contó con la presencia entre otros del ya exministro Vélez Sarsfield, a quien Sarmiento atribuyó en el acto «el honor exclusivo de la atrevida idea y de la rápida ejecución de la red de telégrafos, que contribuye a dar paz a la República y bienestar a sus hijos».
En esos mismo años, suscitó una gran atención su crítica a la Historia de Belgrano publicada por Mitre, en la que fue la primera de las grandes controversias historiográficas de la Argentina.
Detalle de su tumba en el cementerio de la Recoleta.
Falleció en Buenos Aires el 30 de marzo de 1875.​ Sus restos descansaban en el cementerio de la Recoleta, hasta que fueron trasladados al Palacio de Justicia de la ciudad de Córdoba.
1913:Enrique del Valle Iberlucea es elegido senador por la Capital; el primer senador socialista de América.
Enrique del Valle Iberlucea (1877 – 1921) nació en España en abril de 1877. Abogado, periodista y primer senador socialista de América. Nació en Castro Urdiales, provincia de Santander, España, el 18 de abril de 1877. Hijo del pescador Epifanio del Valle y de María Iberlucea, casado con Maria Luisa Curutchet.
Emigró a la Argentina en 1885, radicándose en Rosario en 1886, ciudad a la que estuvo ligado por lazos familiares y amistosos toda la vida. En Rosario no solo completó sus estudios secundarios sino que también comenzó a destacarse por su espíritu combativo e inquieto, ávido de cultura y acción. Allí conocerá a la joven María Luisa Curutchet con la que se casará en 1905.
En 1894, siendo estudiante del Colegio Nacional, funda el periódico “Fiat Lux” y, en 1895, colaborando activamente con un grupo de emigrados alemanes, funda un centro socialista.
En 1896 se radica en Buenos Aires, donde se doctora en jurisprudencia con diploma de honor en 1901. En 1902 obtiene su carta de ciudadanía y presenta su tesis de doctorado llamada “El procedimiento judicial en el Derecho Internacional”. A poco de obtener su diploma de abogado en Buenos Aires publica un trabajo al que titula “Fundamentos científicos del divorcio” y “Teoría materialista de la Historia”.
Por entonces los problemas relativos a la emancipación de la mujer y la lucha por su igualdad con los hombres, convocan sus mayores esfuerzos. Es así entonces que el Centro Socialista Femenino lo invita a afiliarse al Partido Socialista en 1902.
En 1908 fundó junto a la joven Alicia Moreau de Justo la “Revista Socialista Internacional”, que desde 1910 adoptó el nombre de “Humanidad Nueva”. Su marxismo kautskiano, su crítica al revisionismo de Eduard Bernstein, y su denodado énfasis en mantener una estrecha vinculación entre socialismo y filosofía, serán los núcleos ideológicos que plasmará en dichas publicaciones.
En 1913 se convertirá en el primer senador socialista de América, derrotando en Capital Federal a los candidatos radicales y conservadores. El joven socialista se incorporaba así al Senado, reducto de una oligarquía que no terminaba de aceptar la transparencia del sufragio
, y mucho menos la introducción de las nuevas ideas de progreso social.
1982:Se produce un paro con movilización contra la dictadura.
El primer paro, planteado como jornada de protesta sin concurrencia al trabajo, fue llamado por el consejo directivo de los 25, con el objeto de defender la industria nacional, revisar la política arancelaria y restituir el poder adquisitivo del salario, y tuvo un alto acatamiento en gran parte del país, expresando un alto grado de organización y un desafío abierto y claro al gobierno militar.
Ese fue el paso fundamental para la formación de los que se llamaría la CGT Brasil, dirigida por Ubaldini, en contraposición a los jerarcas colaboracionistas de la CGT Azopardo, que de la mano de Triacca y Cavalieri había sido funcional a los intereses del régimen represor.
Los tiempos de lucha del movimiento obrero habían recomenzado, y desde el régimen poco se podía hacer para parar la gran avalancha de protestas que se multiplicaban sin cesar. A partir de 1981 los conflictos gremiales se sucedían sin pausa, y el contexto internacional comenzaba a mostrar interés creciente por la nueva conducción gremial, a tal punto que Ubaldini es invitado a participar en la Asamblea de la OIT en Ginebra, paralelamente a la delegación oficial argentina.
Si bien en julio del 81 se realiza la segunda huelga general, que deja a varios dirigentes sindicales detenidos, es el 7 de noviembre de ese año cuando se realiza lo que sería la primera movilización popular en contra de la dictadura, al confluir con sectores católicos en una marcha hacia San Cayetano bajo el lema “Paz, pan y trabajo”.  Ni la intimidación hecha a través de los medios, ni la fuerte presencia del aparato represivo, ni los cortes de calles impidieron que partidos políticos y organizaciones sociales marcharan junto a los trabajadores y coparan la Plaza de Mayo.
La dictadura tambaleaba en sus estructuras más profundas. Se comienza entonces desde el círculo íntimo del represor Galtieri a armar la fatídica aventura de Malvinas, como modo de atracción de la población hacia un régimen desgastado sin posibilidad de salida a la falta de crecimiento económico, a la inequidad social y a la entrega de sus cómplices civiles al Neoliberalismo creciente.
Pero más allá de la adhesión popular lograda el 2 de abril, más allá de las arengas victoriosas, más allá de la falta momentánea de memoria de gran parte de la sociedad, el movimiento obrero ya había preparado la estocada final al modelo imperante.
Y esa estocada fue el 30 de marzo de 1982, mientras Astiz y sus esbirros desembarcaban en las Georgias. Ese día, ante un profundo descontento social, se llevó a cabo una jornada de paro y movilización que reunió a más de 50 mil personas en Plaza de Mayo.
Encabezada por Saul Ubaldini, la marcha fue salvajemente reprimida por las fuerzas militares, con el pretexto que la CGT no había solicitado la autorización necesaria y que los actos podían ser utilizados para producir alteraciones en la seguridad y el orden público.