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OCURRIÓ UN 29 DE MARZO

OCURRIÓ UN 29 DE MARZO
1829:Muere en Buenos Aires el general Cornelio Saavedra.
Cornelio Judas Tadeo de Saavedra (Otuyo, corregimiento de Potosí, Virreinato del Perú, actual territorio de Bolivia; 15 de septiembre de 1759-Buenos Aires, Provincias Unidas del Río de la Plata; 29 de marzo de 1829)
Cornelio Saavedra nació el 15 de septiembre de 1759 en una hacienda agrícola llamada “La Fombera” sobre la orilla del río Mataca cercana al poblado de Otuyo. La hacienda estaba en la mitad del camino de 180 km que unía la Villa Imperial de Potosí con La Plata, ambas dependientes del Virreinato del Perú. Según la partida de bautismo archivada en la Casa de la Moneda de Potosí, fue bautizado en el mismo lugar al día siguiente por el doctor José del Barco y Oliva, cura y vicario de la parroquia de Santa Ana de Mataca, la Vieja. Fue su madrina la india Pascuala que ofició de partera.
Sus padres fueron Santiago Felipe de Saavedra y Palma, natural de Buenos Aires, y Teresa Rodríguez de Güiraldes, oriunda de la Villa Imperial de Potosí. La familia se mudó a Buenos Aires en 1767.
Su familia pertenecía, por su capacidad económica y prestigio, a la elite que dominaba el Cabildo de Buenos Aires. El 17 de abril de 1788, Cornelio Saavedra se casó —con la correspondiente dispensa eclesiástica debido al impedimento del segundo grado lateral de consanguinidad— con su prima hermana María Francisca Cabrera y Saavedra que había enviudado dos años antes heredando la fortuna de su esposo Mateo Ramón Álzaga y Sobrado próspero comerciante y Teniente del Correo Mayor. Este tipo de matrimonio endogámico era una de las formas de reproducción, refuerzo y mantenimiento de esa elite capitular. En el acta matrimonial que figura en la catedral de Buenos Aires consta que los padres de ambos contrayentes eran regidores.​
En 1798 falleció su esposa con la cual tuvo tres hijos y en 1801 se volvió a casar con María Saturnina Bárbara Otárola del Ribero hija del coronel José Antonio Gregorio de Otárola y Larrazábal y Josefa del Ribero y Cossio. El padre era regidor del Cabildo de Buenos Aires y uno de los más ricos comerciantes del territorio.
Cornelio Saavedra fue un comerciante, miembro capitular y estadista rioplatense. Participó en la segunda invasión inglesa como jefe del cuerpo de Patricios e intervino decisivamente en la Revolución de Mayo. Fue el presidente del primer gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata, llamado oficialmente Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata a nombre del Señor Don Fernando VII —más tarde sería conocida como la Primera Junta— y también presidente de la Junta Grande en la que aquella se transformó.
Designado general en jefe del Ejército Auxiliar del Alto Perú, su partida fue aprovechada por opositores que reemplazaron a la Junta Grande por el Primer Triunvirato, destituyéndolo y cursando órdenes de arresto en su contra, viéndose forzado a permanecer alejado de Buenos Aires hasta que los cargos fueron retirados en 1818.
En 1797 fue nombrado regidor cuarto del Cabildo. Al año siguiente fue regidor tercero con el anexo de Defensor General de Menores. Esta función estaba vinculada con la promoción en todas las causas de menores lo que requería el auxilio de un agente y un abogado que, según los casos y el periodo, debía solventar el regidor.
 En 1798, por orden del cabildo, Saavedra tuvo que reemplazar transitoriamente al regidor Francisco Antonio Beláustegui.
En la reunión del Cabildo del primero de enero de 1799, Cornelio Saavedra fue nombrado síndico procurador general, es decir, defensor de los derechos de los habitantes de la ciudad.
El 8 de octubre de 1806, Sobremonte le otorgó el grado de teniente coronel. Tenía entonces 47 años. Era habitual en el periodo tardocolonial que los miembros de la elite capitular intentaran ocupar otros espacios de poder como ser el Consulado, la Audiencia y las altas jerarquías milicianas, en este último caso sin cumplir con el requerimiento de ser un militar de profesión.
El 23 de enero de 1807, el cabildo y la audiencia de Buenos Aires decidieron enviar una fuerza militar en auxilio de Montevideo. Al día siguiente, una columna avanzada al mando del coronel Pedro de Arce, acompañado por Antonio González Balcarce e Hilarión de la Quintana y unos 500 hombres, fueron transportados por el capitán Juan Ángel Michelena hasta Colonia del Sacramento. Esta columna ingresó a Montevideo el día anterior a la catástrofe y tras la derrota fueron capturados Arze y Balcarce y todos los que no pudieron escapar.
El 29 de enero partió Santiago de Liniers al mando de una segunda columna con 1500 hombres, de los cuales 500 eran del cuerpo de Patricios al mando de Cornelio Saavedra. Estas fuerzas desembarcaron a unos 35 km de Colonia y quedaron inmovilizadas al no recibir el apoyo logístico prometido por el virrey Sobremonte. Cuando Liniers se enteró de lo que había ocurrido con la columna de Arce, dejó el mando de sus tropas a Prudencio Murguiondo, volvió a Buenos Aires presentándose ante el cabildo a última hora del 4 de febrero de 1807, e informó la caída de Montevideo y lo sucedido a Arce. Saavedra, que había quedado en Colonia, solicitó el envío de buques de mayor capacidad para reembarcar a su tropa, la artillería y a civiles y soldados que habían huido de Montevideo. En esa ocasión los milicianos del cuerpo de Patricios se negaron a cargar la artillería en los barcos. Saavedra tuvo que recurrir a una medida que en nada se condecía con un cuerpo militar jerarquizado: les ofreció 4 reales diarios para “incitarlos” a llevar a cabo la tarea, suma que pediría a la Junta de Guerra. Los soldados le recordaron permanentemente dicho pago, e incluso llevaron las quejas por arriba de Saavedra asumiendo que este lo había omitido. Saavedra también observó el deterioro de las vestimentas al realizar esas tareas, vestimentas que él había pagado en gran parte de su propio peculio y que más tarde le traerían complicaciones económicas y financieras personales. El 8 de febrero abandonó Colonia con todo el armamento y pertrechos que había en dicha plaza y que podían servir para la defensa de Buenos Aires. Esta retirada motivó el único auto elogio que anotó en su Memoria autógrafa por su actuación militar “al servicio de la patria” en este período. El teniente coronel inglés Denis Pack ocupó Colonia el 5 de marzo de 1807.
Ante el avance hacia Buenos Aires de las tropas inglesas desde la ensenada de Barragán, donde habían desembarcado el 28 de junio de 1807, Liniers dispuso la defensa de la ciudad colocando sus fuerzas en la zona de Barracas, sobre la margen derecha del Riachuelo.
El batallón del cuerpo de Patricios, al mando de Saavedra, formaba parte de las fuerzas del coronel César Balbiani (flanco derecho, bandera roja) la que luego tuvo que ingresar a la ciudad ante el movimiento envolvente que hicieron los ingleses y que dio lugar al Combate de Miserere.
Toda la vanguardia enemiga fue aniquilada, incluidos los sirvientes de la artillería y las mulas de arrastre.
En mayo de 1810 llegó a Buenos Aires la noticia de la caída de toda España en manos francesas, excepto en Cádiz, donde se había formado un Consejo de Regencia que reemplazaba a la Junta Suprema de Sevilla. Dicha noticia desencadenó el proceso revolucionario conocido como Revolución de Mayo. La dirección del proceso estuvo en manos de un grupo secreto integrado por Manuel Belgrano, Juan José Paso, Juan José Castelli, Nicolás Rodríguez Peña, Mariano Moreno e Hipólito Vieytes, entre otros. Estos necesitaban el apoyo de Cornelio Saavedra y los demás jefes militares para actuar, ya que sin ellos no habrían tenido el poder para enfrentarse al virrey.
El 22 de mayo se celebró un Cabildo Abierto, en el cual se manifestaron diversas posturas respecto de la legitimidad o no de la autoridad del virrey y, en este último caso, si este debía permanecer en el cargo. Saavedra se mantuvo en silencio durante la mayor parte, mientras esperaba su turno para hablar. Entre otros, los oradores más importantes fueron el obispo Benito Lué y Riega, Juan José Castelli, Pascual Ruiz Huidobro, Manuel Genaro Villota, Juan José Paso y Juan Nepomuceno Sola. Saavedra fue el último en hablar. Propuso que el mando se delegase en el Cabildo hasta la formación de una junta de gobierno, en el modo y forma que el cabildo estimara conveniente
El cabildo nombró una junta presidida por Cisneros, con cuatro vocales, dos españoles y dos criollos. Estos últimos eran Castelli y Saavedra. En principio juraron el cargo, pero ante la presión de Belgrano y su grupo, y la agitación del pueblo y las milicias, renunciaron esa misma noche. La maniobra de nombrar una junta presidida por Cisneros era considerada contraria a la voluntad del cabildo abierto.​El día siguiente, 25 de mayo, a pesar de la enérgica resistencia del síndico Julián de Leyva, el cabildo fue forzado a aceptar una nueva lista, formada por un acuerdo entre partidarios de Saavedra, Belgrano y Álzaga, en la que cada sector aportaba tres miembros. El presidente de la Primera Junta de gobierno resultante fue Cornelio Saavedra.
El papel de Cornelio Saavedra como presidente de la Primera Junta fue de mediador, más que de impulsor de las políticas revolucionarias. Este último papel fue cumplido por Juan José Castelli y el secretario de gobierno Mariano Moreno.
Moreno y Saavedra se transformaron en los principales protagonistas de una disputa interna que tuvo lugar, sobre las distintas visiones del significado de la Revolución de Mayo. Los morenistas aspiraban a generar cambios profundos en la sociedad, mientras que los saavedristas buscaron sólo la llegada de los criollos al poder pero manteniendo la continuidad del ordenamiento social del virreinato, del cual se consideraban sus herederos.​
Moreno pensó en disminuir la influencia de Saavedra, y para ello se creó un nuevo regimiento de milicias, cuyos oficiales eran afínes a sus ideas revolucionarias: el regimiento América, dirigido por los jefes morenistas French y Beruti.
Poco después de la Revolución de Mayo el ex virrey Santiago de Liniers comenzó a organizar una ofensiva contrarrevolucionaria desde la ciudad de Córdoba, la cual fue rápidamente derrotada por Francisco Ortiz de Ocampo e Hipólito Vieytes. Éstos, sin embargo, no quisieron ejecutar a Liniers ya que Ocampo había luchado junto a él durante las Invasiones Inglesas, y en lugar de ello mandaron prisioneros a todos los cabecillas a Buenos Aires. Cornelio Saavedra firmó la orden de matar con arcabuz a todos, al igual que toda la Primera Junta, con la excepción de Manuel Alberti que se excusó por su condición de sacerdote.
En la segunda semana del mes de octubre de 1811, estando en Salta a donde habían llegado el 30 de septiembre, Saavedra y el diputado Molina se enteraron de que en Buenos Aires se había constituido un triunvirato ejecutivo en reemplazo de la Junta cuyo presidente era Saavedra.
Saavedra, ya relevado del cargo, envió una nota a Buenos Aires con fecha 26 de octubre de 1811, donde reconoce las poderosas razones que motivaron la creación del nuevo gobierno.
El Primer Triunvirato ordenó a Saavedra trasladarse a la ciudad de San Juan gobernada en ese entonces por Saturnino Sarassa, de donde pasó a Mendoza. Varias veces se cursaron órdenes de prisión en su contra, pero no llegó a estar nunca preso.
Cuando el Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata Gervasio Antonio de Posadas —uno de los desterrados de abril de 1811— ordenó su arresto en junio de 1814, huyó a la ciudad chilena de La Serena y luego a Santiago de Chile junto a su hijo Agustín, de 10 años de edad.
Ante la proximidad del ejército realista, por pedido de su esposa Saturnina Otárola, el gobernador de Cuyo, José de San Martín, le concedió asilo político en San Juan.
En 1813, la Asamblea del Año XIII dispuso el juicio de residencia a todos aquellos que habían participado en el gobierno de las Provincias Unidas desde 1810. Sancionó además un Reglamento de 16 artículos que debía observar una comisión de siete diputados. El Reglamento hacía que la comisión fuera una combinación ambigua de juzgado de residencia y tribunal revolucionario.​La lista de individuos sometidos a juicio fueron 36, entre ellos estaba Saavedra. Lo extraño era que muchos de ellos ejercían funciones en el gobierno de entonces o integraban la misma Asamblea.
Con fecha 1 de septiembre de 1813, desde San Juan, Saavedra otorgó un poder a Juan de la Rosa Alva para que lo representara en el juicio de residencia. Rosa Alva era un defensor público ya que a Saavedra no le fue fácil encontrar quien lo representara.
Luego de su periplo por San Juan, Chile y vuelta a San Juan, Saavedra llegó a Buenos Aires en marzo de 1815 llamado por el Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Carlos María de Alvear, en el momento en que se planeaba provocar su destitución. La llegada sorprendió a Alvear que había enviado una contraorden por lo que inmediatamente Saavedra tuvo que salir rumbo a la estancia de su hermano en Arrecifes. Cuando se produjo efectivamente la caída de Alvear, el cabildo ordenó a Saavedra que viniera a Buenos Aires revocándole las órdenes de su confinamiento y restituyéndole su fuero y honores. Sin embargo, treinta días después, se produjo una agitación a cargo del coronel Eusebio Valdenegro. El flamante director Álvarez Thomas revocó lo actuado y obligó a Saavedra a que volviera a la estancia de su hermano en Arroyo de Luna. Una extensa correspondencia se produjo entre ambos donde finalmente Álvarez Thomas dijo que no podía remediar la situación y que esa tarea correspondía al Congreso. El 10 de mayo de 1816, Saavedra abrió una instancia ante el Congreso y el 7 de agosto se dirigió a Juan Martín de Pueyrredón solicitando el reconocimiento de sus grados y honores. Cinco días después Pueyrredón trasladó la solicitud al Congreso expresando que era este organismo el que debía hacerse cargo del asunto ya que no estaba autorizado a revocar una determinación dictada por una asamblea anterior. Esta resolución de Pueyrredón fue refrendada por el ministro de guerra Antonio Luis Beruti, enemigo de Saavedra.
El 6 de abril de 1818, la comisión se expidió declarando nulos, sin valor ni efecto los procedimientos del año 1814 y el correspondiente extrañamiento de Saavedra.Aconsejó además que se lo repusiera en sus grados. No obstante, el 15 de mayo de 1818, Pueyrredón designó una nueva comisión integrada por los doctores jueces de alzada Pedro Somellera, Bartolomé Tollo y José Francisco Acosta. Esta vez fue Somellera el que se excusó siendo reemplazado por Juan Bautista Villegas. El 1 de julio de 1818 esta comisión confirmó la sentencia anterior. Cuando parecía que Saavedra finalmente iba a ser sobreseído llegó a manos de Pueyrredón un anónimo donde aparecían citados varios diputados del Congreso de año 1814. Rápidamente Pueyrredón devolvió el caso a la Asamblea General Constituyente el 14 de julio. El 3 de octubre el Congreso informó que de los diputados citados en el anónimo, uno de ellos no estaba incorporado en esa época a la Asamblea, otro declaró que no existieron ni podían existir “otros autos” que no fueran los ya conocidos y dos manifestaron no recordar lo que el anónimo afirmaba. Nuevamente Saavedra presentó un reclamo y finalmente el 24 de octubre de 1818 Pueyrredón, por decreto, le devolvió los despachos de brigadier con la antigüedad solicitada.
En 1819, Saavedra asumió el cargo de comandante de campaña, con sede en Luján. Su misión era ejercer la policía de campaña, defender la frontera contra el indio, y auxiliar al ejército que estaba invadiendo Santa Fe. Logró concretar algunos acuerdos de paz con los ranqueles, que resultaron poco duraderos.
Cornelio Saavedra falleció en Buenos Aires a las ocho de la noche del domingo 29 de marzo de 1829. El gobernador Juan José Viamonte ordenó el traslado de sus restos al cementerio del Norte de la ciudad de Buenos Aires.
1893:Nace en Tucumán Alfredo Gramajo Gutiérrez. Pintor costumbrista, entre sus obras se destacan Un velorio de angelito y Retablo de Jesús. Murió en Buenos Aires el 23 de agosto de 1961.
Se radicó en Buenos Aires en los primeros años del siglo XX, donde se formó artísticamente en la Sociedad Estímulo de Bellas Artes (SEBA) y en la Escuela Nacional de Artes Decorativas, y en 1917 se recibió de profesor de dibujo. Desde muy joven trabajó en el Ferrocarril Central, hasta 1947 cuando comenzó a ejercer la docencia.
Participó en varias muestras en la Argentina y en el extranjero y sus obras se encuentran en el Museo Nacional de Bellas Artes, en museos provinciales, en la Cámara de Diputados y en el Museo Nacional de Arte Moderno en París, Francia. En numerosas ocasiones fue convocado para formar parte del jurado en el Salón Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires. Fue el ilustrador del libro La mulanima: poema mágico de la montaña (1957) de Carlos B. Quiroga.​
El tema principal de sus obras está conformado por la vida cotidiana y las costumbres de los pueblos de provincia, sobre todo los del noroeste, con énfasis en las tradiciones y el pensamiento religioso y supersticioso de los provincianos. En sus telas plasmó imágenes de fiestas, ceremonias religiosas, rituales, promesantes de la Virgen, iconografía cristiana, carnavales, mercados populares y entierros; con algunos temas realizó tríadas, como es el caso del conjunto formado por La ceremoniaLa vuelta de la ceremonia y La fiesta.
Debido a que su pintura respondía a los parámetros de un arte nacional, la crítica oficial lo favoreció, así como también a otros artistas de la época como Benito Quinquela Martín, Jorge Bermúdez, Fernando Fader, Cesáreo Bernaldo de Quirós y Luis Cordiviola. El poeta argentino Leopoldo Lugones lo denominó «el pintor nacional»
1905:Nace el poeta Raúl González Tuñón.
González Tuñón fue también periodista. Trabajó en el diario Crítica, un vespertino de los años años 1930, de marcado tinte sensacionalista, pero que reclutó a notables escritores de la época (entre ellos Jorge Luis Borges, Roberto Arlt, Enrique González Tuñón, Carlos de la Púa, Nicolás Olivari), y en el diario “Clarín”, donde escribió crítica de artes plásticas y crónicas de viajes.
Se casó con Amparo Mom y trabó una profunda amistad con Pablo Neruda y su esposa Delia del Carril (también argentina). Cuando estalló la Guerra Civil Española, ambas parejas se trasladaron desde Madrid a Santiago de Chile y compartieron una misma casa. Secundó al poeta chileno en la fundación de la sección chilena de la Alianza de Intelectuales para la Defensa de la Cultura, organización antifascista surgida del Congreso Escritores de Valencia, realizado en Barcelona, en medio de los bombardeos franquistas.
Posteriormente influyó decisivamente en la cultura argentina de los años ’50 y ’60 y es considerado uno de los fundadores de una corriente moderna de poesía urbana. Póstumamente se han publicado “El banco de la plaza” y “Los melancólicos canales del tiempo”.
Su obra se inicia con “el cielo más allá de las nubes y el sol más allá del cielo porque detrás de las nubes siempre está el sol”, que publicó en Buenos Aires en 1945, a los 34 años. En esa época, colaboró con la revista Martín Fierro, en la que también escribieron Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Francisco Luis Bernárdez,​ Leopoldo Marechal, Macedonio Fernández y Eduardo González Lanuza, entre otros.
La revista solía polemizar burlonamente con el llamado Grupo de Boedo, cuyos integrantes publicaban en la Editorial Claridad y se reunían en el Café El Japonés , que agrupaba a los escritores identificados con la literatura social, quienes a su vez denominaban a sus colegas de “Martín Fierro” como el “Grupo de Florida”. Siendo Boedo un barrio entonces proletario y Florida la calle elegante de esa época, los polos de la polémica eran más políticos que literarios, aunque en Tuñón sucedía justamente lo contrario: muchos de los escritores de Boedo eran sus camaradas tal el caso de Álvaro Yunque o Elías Castelnuovo. González Tuñón mantuvo entonces relaciones cordiales pero también coincidencias con el Grupo de Boedo y muchos de sus integrantes, especialmente el poeta Nicolás Olivari, se encontraban entre sus amigos.
En la publicación de su obra tiene un papel fundamental la prestigiosa Editorial Gleizer (Buenos Aires). En 1928, y poco antes de embarcarse rumbo a Europa, González Tuñón publicó “Miércoles de ceniza”. Ya en París, escribió uno de los libros considerados fundamentales en su obra: “La calle del agujero en la media”, publicado en 1930. Poco más tarde, en 1936, publica otro de sus libros claves, “La rosa blindada”, inspirado en la Revolución de Asturias de 1934. Esta obra fue de gran importancia ya que Raúl González Tuñón, con esos versos, fue “el primero en blindar la rosa” (tal las palabras de Neruda). Su obra por tanto no sólo se enmarca dentro de las llamadas vanguardias de principios del Siglo XX, sino que además constituyó una de las más firmes influencias de los posteriormente llamados “poetas de la Guerra Civil española” (muy en particular de Miguel Hernández uno de los más representativos).
Afiliado al Partido Comunista de la Argentina, Tuñón permaneció siempre fiel a sus credos estéticos. Esto lo llevó a polemizar muchas veces dentro de la organización con otros artistas o eventuales funcionarios. Muchas de estas polémicas quedaron registradas en los emblemáticos “Cuadernos de Cultura” publicados por el PCA. Se destaca allí su defensa de Roberto Arlt ante los juicios negativos de dirigentes como Rodolfo Ghioldi. En líneas generales no compartió muchas vulgarizaciones efectuadas en nombre del “Realismo socialista”. Esto explica su relación “a medio camino” entre las dos “capillas” fundadoras de la moderna literatura argentina: Florida (generalmente homologada a la vanguardia) y Boedo (al realismo socialista). Si bien no comulgaba del todo con los cánones artísticos impuestos por Stalin, estaba firmemente alineado a la conducción del partido en cuanto a su defensa a ultranza de éste. Esto se vio reflejado en su dura condena a la memoria del revolucionario León Trotksy, tras su asesinato a manos estalinistas.
Sus poemas que aludían a viajes, barrios de París y de Buenos Aires, pueblos de la Cordillera de los Andes o de la Patagonia, personajes de circo, lugares lejanos, tugurios extraños, marineros, hampones o contrabandistas, denotan influencias tan disímiles como Villón, Rilke, Evaristo Carriego, o payadores como José Betinotti y Gabino Ezeiza. Juancito Caminador, un personaje inspirado en un artista de circo y en una marca de whisky (Johnny Walker), se convirtió en un álter ego literario del autor. En este sentido, el escritor argentino Pedro Orgambide lo describió como un “Amigo de las gentes, de las mujeres amantes y del vino, una suerte de François Villon criollo, cantor de las tabernas, las grandes fiestas y duelos e insurrecciones populares”. 
Es al mismo tiempo uno de los precursores de la poesía social y combativa en la Argentina: sus “poemas civiles”, referidos a acontecimientos políticos y sociales, influyeron junto con los de la bohemia a autores como Julio Huasi, Juan Gelman (los poetas del “Pan duro”), Roberto Santoro, Francisco Urondo y en líneas generales a toda la generación de los años 60.
Fue un intelectual políticamente comprometido y en más de una oportunidad asistió a eventos internacionales que convocaban a intelectuales y artistas de los cinco continentes ya sea por la lucha contra el fascismo o en pos del socialismo, cuya causa abrazó.
1962:El presidente radical Arturo Frondizi es derrocado por las Fuerzas Armadas, quienes instalaron al frente de la primera magistratura al ex presidente del Senado, José María Guido.
El golpe de estado en Argentina de 1962 fue un golpe de estado cívico-militar realizado el 29 de marzo de 1962 que destituyó al presidente Arturo Frondizi. La acción fue la culminación de un proceso de deterioro de la relación de Frondizi con las Fuerzas Armadas y fue precipitada por el triunfo en varias provincias en las elecciones del 18 de marzo de 1962 de partidos que respondían al peronismo. En la mañana del 29 de marzo fuerzas militares condujeron detenido a Frondizi, a la isla Martín García. Esto posibilitó que con el apoyo de legisladores y funcionarios del gobierno antes de terminar ese día el presidente provisional del Senado José María Guido asumiera el cargo vacante invocando una destitución de hecho y obtuviera que la Corte Suprema de Justicia le tomara juramento en una ceremonia realizada sin intervención ni presencia de militares. Los golpistas tomados así por sorpresa se reunieron al día siguiente con el flamante presidente y le impusieron determinadas medidas que debía adoptar durante su gobierno. Poco después Guido, sin tener facultades constitucionales para ello, anuló las elecciones realizadas el 17 de diciembre de 1961, y el 14 de enero, 25 de febrero y 18 de marzo de 1962, intervino todas las provincias que no estaban intervenidas y dispuso el “receso” del Congreso, impidiéndole legislar, asumiendo en sus manos el poder legislativo nacional y los poderes ejecutivo y legislativo de las provincias.

A las 7:45 del 29 de marzo de 1962 Frondizi salió en automóvil de la residencia de Olivos acompañado por su custodia personal habitual y por el capitán de navío Eduardo Lockhart, Jefe de la Casa Militar, rumbo al Aeroparque Metropolitano distante a pocos minutos de viaje, donde se embarcó en un avión de la Marina que lo llevó a la isla Martín García donde quedó detenido. Lockhart había redactado personalmente las instrucciones para ser entregadas al jefe de la base —que ya había sido avisado telegráficamente del viaje— para que recibiera un trato acorde a su condición de expresidente
Luego de disponer el derrocamiento de Frondizi a las 4:30 de la mañana, los golpistas permanecieron sin definir quien tomaría el gobierno. Recién a las 11:00 de la mañana, “con la oficina presidencial vacante por casi ocho horas”, los tres comandantes realizaron la primera de muchas otras reuniones para evaluar las alternativas.
A las 15:55, cuando todavía se estaban completando las formalidades para el juramento de Guido ante la Corte Suprema, los tres jefes golpistas se instalaron en la Casa Rosada. Enterado del hecho y con Guido en camino a la Corte, Martínez se dirigió a la Casa Rosada para ganar tiempo y evitar que los militares tomaran formalmente el gobierno, especialmente Poggi que mostraba una clara intención de asumir como Presidente.​
Poco después de las cinco de la tarde Guido se hizo presente en la Corte Suprema, para prestar juramento, visiblemente conmovido. La jura se realizó en la máxima reserva, con la sola presencia de los jueces de la Corte, Guido y su secretario privado. El ministro Martínez le había pedido al general Aramburu que se sumara al pequeño grupo, pero Aramburu no aceptó.
La reacción de los jefes golpistas, ya instalados en la Casa Rosada, al recibir la noticia de que Guido había jurado ante la Corte, fue de shock.​ El almirante Penas se retiró de inmediato de la casa de gobierno y volvió al comando de la Marina donde puso a sus tropas en estado de alerta, a la vez que solicitó a sus abogados un informe sobre la validez del juramento. El general Poggi ordenó a sus tropas que rodearan la Casa Rosada. Finalmente, incluso el brigadier Alsina mostró su disgusto, aun cuando había ayudado a concretar la maniobra frondizista. La preocupación de los tres se debía a que Guido había asumido sin comprometerse a cumplir las exigencias militares y que ello podía llevar a un desborde de los grupos golpistas que querían imponer una dictadura militar.
El siguiente avance del gobierno de Guido fue contra el Poder Legislativo. Al momento de asumir Guido la Presidencia, el Congreso Nacional se encontraba en receso por mandato constitucional hasta el 1 de mayo, que debía iniciar el período de sesiones ordinarias, con una sesión preparatoria prefijada para el 22 de abril. Ya en la primera quincena de abril el sector duro de las Fuerzas Armadas al que Guido había adherido, había señalado en un memorándum los “inconvenientes de mantener al Congreso en actividad legislativa a partir del 1º de mayo de 1962”.​
Finalmente el 19 de mayo, por Decreto 4419 Guido declaró “en receso” al Congreso Nacional.
En septiembre de 1962, Julio Oyhanarte —a quien Frondizi le había encomendado lograr que la Corte aceptara a Guido como su sucesor legítimo— renunció como juez de la Corte Suprema debido a que, por las medida tomadas por Guido de anular el Congreso e intervenir las provincias, consideraba “que el presidente Guido se había apartado de la legalidad institucional, al comportarse como un gobernante de facto”
1976:Tras el golpe de Estado Jorge Rafael Videla asume como primer presidente de la dictadura cívico-militar.
Jorge Rafael Videla (Mercedes, Buenos Aires; 2 de agosto de 1925-Marcos Paz, Buenos Aires; 17 de mayo de 2013) fue un militar argentino, miembro de la Junta Militar entre 1976 y 1978 y presidente de la Nación Argentina de facto, con la suma de los poderes ejecutivo y legislativo entre 1976 y 1981, en la primera etapa de la última dictadura cívico-militar, autodenominada Proceso de Reorganización Nacional.
En el Juicio a las Juntas de 1985, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, fue condenado a “la pena de reclusión perpetua, inhabilitación absoluta perpetua y accesorias legales (art. 12 del Código Penal), accesoria de destitución (art. 538 del Código de Justicia Militar) y pago de las costas”,​ como autor de 469 crímenes de lesa humanidad (66 homicidios, 306 secuestros, 97 torturas y 26 robos).​ En 1990 recibió el indulto del presidente Carlos Menem, declarado nulo de nulidad absoluta en 2006.
En junio de 1998 fue detenido nuevamente tras la resolución del juez Roberto Marquevich por apropiación de menores durante la última dictadura cívico-militar,sin embargo después de pasar 38 días preso, la Cámara Federal de San Martín, con la firma de los jueces Hugo Rodolfo Fossati y Francisco Juan Lugones, le concedió el beneficio del arresto domiciliario en atención a su edad,​ durante el gobierno de Carlos Menem. En octubre de 2008, el juez Norberto Oyarbide, durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, dispuso su traslado a la cárcel, teniendo en cuenta la gravedad de los hechos por los que fue condenado.​ Estuvo encarcelado en la base militar de Campo de Mayo desde octubre de ese año hasta junio de 2012, cuando fue trasladado a la cárcel de Marcos Paz. El 22 de diciembre de 2010 fue nuevamente condenado a prisión perpetua en cárcel común por el caso de los fusilamientos en la Unidad Penitenciaria 1 de San Martín, conocido como UP1. El 5 de julio de 2012 fue condenado a cincuenta años de prisión por los delitos de sustracción, retención, ocultamiento y hacer incierto el estado civil de 20 menores de 10 años (arts. 138, 139 inciso 2 y 146 del CP). El 17 de mayo de 2013 fue encontrado muerto en su celda de la cárcel de Marcos Paz.
1981:El general Roberto Eduardo Viola asume la presidencia del país en reemplazo de Jorge Rafael Videla.
Viola reemplazó a Videla a causa de tensiones en el seno de la cúpula militar, insatisfecha con la incapacidad de este último para estabilizar la situación económica y la intranquilidad civil. Viola, partidario de la «línea blanda», alejó a los colaboradores inmediatos de Videla e inició una apertura parcial a la reincorporación de políticos de carrera y técnicos civiles a cargos públicos con miras a establecerse en el poder hasta 1984. Las circunstancias permitieron que la CGT se reorganizara y movilizara bajo la dirección del sindicalista Saúl Ubaldini, aún pese a la prohibición legal.​
Las medidas económicas del gobierno de Viola se mostraron igualmente ineficientes. En vista de las repetidas devaluaciones del Peso Ley 18 188 frente al dólar impulsadas por el ministro de Economía José Martínez de Hoz durante el gobierno de Videla, era marcada la preferencia por la compra de divisas; incluso los pequeños ahorristas optaban por la tenencia de moneda extranjera y evitaban invertir en el país.
El ministro de Economía designado por Viola, Lorenzo Sigaut, aseguró al ocupar el cargo que «el que apuesta al dólar, pierde». Días más tarde realizaría una devaluación del peso con respecto al dólar del 30 %, en un intento desesperado de atraer inversión internacional. La inflación de 1981 alcanzaría el 131 % interanual.
Los fracasos en materia económica y las perspectivas aperturistas del gobierno de Viola llevarían a la constitución de la Multipartidaria Nacional por parte de los principales partidos políticos, buscando la realización de elecciones. La muerte de Ricardo Balbín, quien durante años había sido presidente de la Unión Cívica Radical, constituyó una ocasión de manifestación pública en favor de la democracia.
El 21 de noviembre de 1981 la Junta Militar declaró a Roberto Eduardo Viola incapaz de ejercer sus funciones de presidente de la Nación Argentina debido a «problemas de salud». En su lugar fue nombrado frente al poder ejecutivo el ministro del Interior Horacio Tomás Liendo. La intención de Viola era la de reasumir el día 23.​
Aunque Viola no había interrumpido en ningún momento el accionar represivo ni los operativos contra la subversión, el jueves 10 de diciembre la Junta Militar emitió un ultimátum a Viola, incitándolo a renunciar, con la decisión tomada de desplazarlo de la Presidencia. Al día siguiente la Junta se reunió con el dictador. El general Viola insistió en no renunciar, entonces la Junta le comunicó su relevo por razón de Estado —Viola no presentó renuncia—. El mismo día, la Junta anunció la inminente asunción de la Presidencia por parte del general Leopoldo Fortunato Galtieri. El vicealmirante Carlos Alberto Lacoste reemplazó interinamente al general Viola, hasta el 22 de diciembre de 1981, cuando Galtieri tomó el cargo como presidente de la Nación Argentina, convirtiéndose en el nuevo dictador de su país.
Durante la guerra de las Malvinas, en mayo de 1982, Roberto Viola ejerció influencias para conducir un golpe de Estado contra Leopoldo Galtieri. La Armada Argentina detectó políticos, empresarios y militares que convergían al departamento de Viola.
En 1983, restablecido el orden constitucional y durante el Gobierno de Raúl Alfonsín, Roberto Viola quedó bajo arresto y fue objeto de juicio por delitos cometidos durante su gobierno. En el Juicio a las Juntas de 1985 recibió la sentencia de 17 años en prisión, inhabilitación perpetua para el ejercicio de cargos públicos, accesorias legales, accesoria de destitución y pago de las costas.
En 1990, el presidente Carlos Menem, mediante el Decreto 2741, indultó a Viola, extinguiendo su responsabilidad de su comisión de delitos.
Murió el 30 de septiembre de 1994, antes de la reapertura de las causas en su contra.