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Los 5 mejores documentales musicales para empezar bien el 2022

Beatles, Rolling Stones, David Bowie, Beach Boys, Stevie Wonder y Velvet Underground, pesos pesados de la historia de la música pop de todos los tiempos, son sus protagonistas

The Beatles: Get Back

Filmada un año antes de la separación de Los Beatles, la película Let It Be presentó a una banda agrietada por el cansancio y los intereses contrapuestos, cóctel que habría de conducir a su final en 1970. Pasó casi medio siglo hasta que Peter Jackson –el director neozelandés responsable de la saga El señor de los anillos– recibió el encargo de lidiar con más de sesenta horas de filmación de todo aquel proceso de composición y grabación de las canciones luego publicadas en los últimos discos, Let It Be y Abbey Road. El resultado de un minucioso trabajo de selección y edición –incluso con el desafío de sincronizar audio e imágenes, grabados originalmente por separado– es un magnífico documental de casi ocho horas, dividido en tres capítulos, que transmite como nunca se había visto antes la cocina creativa del grupo que cambió la historia de la música popular en el siglo XX.

La sagacidad y el talento de Jackson construyen un relato entretenido a pesar de su extensión (hay diálogos y chistes internos que pueden escapar a la percepción del espectador medio, pero no es tan grave), y hacen el milagro de meter a los Beatles en cada hogar del planeta Tierra donde se vea la película, en la plenitud de su vitalidad musical.

Cada escena tiene sustancia y encanto porque aquí se muestra a JohnPaulGeorge y Ringo en su plenitud creativa -verlos componer letra y música de “Get Back”, por ejemplo, es impresionante- y en su particular dinámica interna. Conflictos personales incluidos: en el final del primer capítulo, cuando Harrison se va del estudio y, se supone, decide abandonar la banda, se percibe la tensión casi, casi, propia de una película de suspenso. Y a partir de la mitad del segundo capítulo, es puro gozo para fans y recién iniciados por igual, hasta concluir en el epifánico último show en la terraza de las oficinas de Apple Corp, en pleno invierno de Londres.

La onda expansiva de esta obra maestra del documental musical continúa en plena curva ascendente. Sin dudas, fue uno de los acontecimientos culturales globales de 2021.

The Velvet Underground

El director estadounidense Todd Haynes (Velvet GoldmineI’m Not ThereCarol) se animó al terreno del rockumentary –neologismo para denominar al documental de rock– e invita a sumergirse en el nacimiento de una banda mítica que, a la vez, representa un momento único en la historia del arte contemporáneo. Esta no es solo la historia de la banda que lideró el problemático dúo creativo de Lou Reed y John Cale, apadrinados por Andy Warhol, sino también el retrato de un tiempo de contracultura y vanguardismo en la oscura Nueva York de mediados de los 60, contrapunto exacto del soleado y florido período hippie que se vivía en la Costa Oeste. “No éramos la contracultura, ¡éramos la cultura!”, dice el cineasta experimental Jonas Mekas en un momento del documental. Con profusión de material documental de época y algunos selectos testimonios –fundamentalmente los de John Cale y la baterista Maureen Tucker, los dos miembros vivos de la banda–, Haynes elaboró una película documental donde juega con la forma y el fondo para contar el auge y caída del grupo desde su formación hasta su desintegración. En verdad, no descubre nada nuevo de la historia conocida, pero sí consigue captar su esencia y, además, la ubica en contexto. De hecho, el grupo de Lou Reed y John Cale no aparece como tal hasta pasada la primera media hora.

Entonces, aunque el centro del relato es Velvet, hay espacio para todos los satélites que orbitaron a su alrededor. Por supuesto, está Warhol: una especie de agujero negro que podría haber absorbido todo el documental y cuya sombra -e influencia- siempre está presente a lo largo de toda la obra. También está Nico, la modelo-cantante dotada de una enigmática belleza que llegó como una imposición y terminó conquistando a todos. Y no se olvida de mostrar el talento tormentoso de Reed, las peleas de egos con Cale y aquella espiral que los llevó a una disolución demasiado temprana.

Summer of Soul

Dirigido por el multiinstrumentista Questlove –baterista de The Roots, director de la banda residente del late show de Jimmy Fallon, agitador de la cultura afroamericana–, este documental rescató imágenes casi perdidas, inéditas hasta el presente, sobre un acontecimiento que pasó desapercibido para la cultura occidental (blanca, habría que agregar) en los decisivos años 60. En el verano boreal de 1969 (el mismo de Woodstock) el Festival Cultural de Harlem, realizado en Mount Morris Park del famoso barrio neoyorquino, presentó una serie de conciertos gratuitos durante seis semanas en los que participaron algunos de los talentos musicales del momento: Nina SimoneStevie WonderMahalia JacksonBB KingSly and the Family StoneGladys Knight & the Pips y los Staples Singers entre otros. Lo que aquí se ve, en un entretenido relato que vincula performances musicales, testimonios y contextualización de archivo, es una buena muestra de la inmensa riqueza de la tradición musical negra estadounidense que abarca el blues, el jazz, el góspel, el pop, el rock, el funk y mucho más.

A lo largo de la película, Questlove interrumpe las imágenes del concierto con secuencias en las que se abordan las numerosas cuestiones paralelas que evoca el evento: las historias de los intérpretes, los recuerdos de los espectadores entrevistados en la actualidad, el contexto social de la época que era a la vez volátil y extremadamente trágico (con los asesinatos de los hermanos KennedyMalcolm X y, más recientemente, en el momento del concierto, de Martin Luther King Jr). Y por si fuera poco, en pleno Festival, sucedió otro acontecimiento nada menor: la llegada del hombre a la Luna. En ese sentido, la obra proyecta un revelador montaje de respuestas ciudadanas: como es de esperar, la respuesta de los blancos es uniformemente entusiasta, mientras que la de los negros es mucho más ambigua o directamente hostil. “Creo que es muy importante, pero este festival es igual de importante” o “es un despilfarro de dinero, hay gente que se muere de hambre en todo Estados Unidos…”, resaltan como tajante divisora de aguas entre una realidad y otra, conocido el estado de tensión racial latente en aquel tiempo. Algo que, vista la realidad, no parece haber cambiado mucho en el medio siglo que pasó.

1971: el año en que la música lo cambió todo

A través de ocho capítulos, este documental dirigido por el realizador británico Asif Kapadia (el mismo de los elogiados trabajos sobre MaradonaAyrton Senna y Amy Winehouse), se vale de la coincidencia temporal en la aparición de los discos Sticky Fingers, de los Rolling StonesImagine, de John LennonWho’s Next, de The WhoHunky Dory, de David BowieTapestry, de Carole KingWhat’s going on, de Marvin GayeMaster of Reality, de Black SabbathL.A. Woman de The Doors y There’s a Riot Going on, de Sly & The Family Stone para retratar una era. La lista es de por sí relevante, pero si –como piden los realizadores– se apunta a considerar todo lo que pasó entre 1969 y 1971, el impacto cultural de estas obras crece y simboliza una etapa de creación musical única para lo que ha dado en llamarse “cultura rock”, que habría de influir en la dinámica social de la época.

En 1971, Marvin Gaye, con “What ‘s Going On” le dio una vuelta de tuerca a la canción de protesta; los Rolling Stones se reinventaron entre una bruma de drogas pesadas con Exile on Main St.; Aretha Franklin se pronunciaba por la libertad de la activista negra Angela Davis, y David Bowie le daba forma a su idea del andrógino personaje interespacial Ziggy Stardust. También fue un año de lanzamientos extraordinarios de artistas como Carole King (Tapestry) y Joni Mitchell (Blue), en ambos casos declaraciones personales de independencia en un mundo todavía patriarcal. A la vez que la reseña musical, la serie plantea el choque de una contracultura de elevada conciencia política (liberación de la mujer, el movimiento Black Power, orgullo gay) con el establishment (Nixon y la mayoría silenciosa, la guerra contra las drogas, el prejuicio conservador). La idea central que flota es que esos artistas hacían música que reflejaba su época pero también, visto y considerando la estela de sus obras, impulsaban cambios sociales estructurales. “Creábamos el siglo XXI en 1971″, se lo escucha a David Bowie en el inicio de cada capítulo.

Brian Wilson: Long Promised Road

Dirigido por Brent Wilson (sin parentesco con el protagonista), este documental es un minucioso repaso de la vida y obra de Brian Wilson, el genio creativo de los Beach Boys y, para la historia, el hombre cuyas canciones empujaron a Los Beatles a concebir varias de sus obras maestras (por pura competencia artística). La particularidad de esta película es que va y viene entre la saga de Wilson y su banda y una conversación al estilo “Carpool Karaoke” con Jason Fine, editor de la revista Rolling Stone, a quien conoció a mediados de los noventa por una entrevista. Aquí recorren Los Ángeles, hablando y escuchando la música de Brian y parando en lugares claves: Paradise Cove, el hogar de “Surfin’ Safari“; el sitio de la casa de la infancia ahora demolida de Wilson en Hawthorne; las casas en las que vivió durante los años 60 y 70; la casa de su difunto hermano Carl; y el Beverly Glen Deli, donde los dos charlan sobre ensaladas Cobb y helados.

También presenta entrevistas de amigos y admiradores, como Bruce SpringsteenElton JohnDon Was o Jakob Dylan. Y el propio Brian Wilson presenta una nueva canción, “Right Where I Belong”, que fue coescrita con Jim James de My Morning Jacket. Con todo eso, efectivamente defiende el asombroso genio musical de Brian para plasmar un retrato claro del hombre detrás de las canciones que todavía se mantienen vivas y vigentes en el inconsciente colectivo de la humanidad. Brian Wilson hizo más que escribir buena música pop. Convirtió canciones pop en himnos, corales y delicadas, vivaces de un sonido dulce mezclado con una tristeza subyacente tan divina que, como dice Bruce Springsteen en la película Pet Sounds, “la belleza de eso tiene un sentido de alegría incluso en el dolor de vivir. La alegría de una vida