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La increíble vida de Arnold Schwarzenegger

Dejó de lado su pasión por el fisicoculturismo para convertirse en una estrella de cine y gobernador de California, pero el camino estuvo lleno de obstáculos y requirió de algo que siempre le sobró: perseverancia y disciplina, valores con los que creció hace 74 años en Austria

Arnold Schwarzenegger nació el 30 de julio de 1947 en Thal, Austria. Sus padres fueron Gustav Schwarzenegger, quien trabajaba como jefe de la policía local, y Aurelia Jadrny, una ama de casa católica que, al igual que su marido, iba a la iglesia todos los domingos. Sin embargo, la estrella de Hollywood tuvo una infancia y una adolescencia bastante difícil, ya que ambos eran muy estrictos y sus planes con Arnold -el menor de sus dos hijos- distaban mucho de sus expectativas.

Mientras su madre quería que su hijo estudiara una carrera, su padre quería que siguiera sus pasos, alistándose en la Policía, pero Arnold tenía otras aspiraciones. A los 14 años, él mismo entrenaba su cuerpo en su casa, jugaba al fútbol, levantaba pesas, practicaba boxeo, hacía atletismo y soñaba con ser fisicoculturista. Por eso y para centrarse en su meta, llenó su cuarto con posters de los cuerpos masculinos desnudos más icónicos de esa época.

Al ver que su hijo se fijaba en el físico de los hombres, sus padres se preocuparon por sus inclinaciones sexuales y su madre lo llevó al médico, sin darse cuenta que lo que a Arnold le interesaba era desarrollar un cuerpo trabajado, casi perfecto.

En varias oportunidades, la estrella de Hollywood contó que Stephen Reeves, el gran culturista y actor estadounidense, fue la figura que lo inspiró a seguir sus pasos, a pesar de que tuvo que soportar los castigos y golpes de su padre, por no estar de acuerdo con su vocación.

Gustav Schwarzenegger era integrante del partido nazi, pertenecía al lado activo del partido de Adolf Hitler y tuvo un rol importante como policía en la Segunda Guerra Mundial, un tema que salió a la luz cuando Arnold ya era una estrella y por el que tuvo dar explicaciones. Incluso, en 1990 le pidió al Centro Simon Wiesenthal que investigara el pasado de su progenitor, ya que él mismo lo desconocía porque sus padres se lo habían ocultado. A través de su portavoz, Rob Stutzman, declaró sentirse avergonzado por el pasado de Gustav.

Volviendo a su adolescencia, un día decidió enfrentar a sus padres y les dijo que iba a convertirse en el hombre más fuerte del mundo. A los 15 años, finalmente, se inició en el mundo del fisicoculturismo, con un intenso programa de entrenamiento. A los 17, empezó a competir con gran éxito.

Su disciplina era tal que entrenaba todos los días y aseguraba que, cuando no podía hacerlo, evitaba mirarse al espejo porque se veía mal. Incluso, se dijo que no asistió al funeral de su hermano mayor, Meinhard -quien falleció en un accidente con su automóvil- ni al de su padre -que murió al año siguiente por un ictus cerebral- porque no podía faltar a su entrenamiento.

Su objetivo era ganar el título de Mr. Universo pero para ello, tenía que tallar su cuerpo casi a la perfección. En 1967 y con apenas 20 años, se adjudicó el concurso por primera vez y se convirtió en el hombre más joven del mundo en obtener ese galardón. Luego, lo ganó en cuatro ocasiones más.

Ese fue su pasaporte a los Estados Unidos y así cumplió otro sueño que tenía desde su niñez: emigrar a ese país para convertirse, además, en una estrella de cine.

A los 21 años, llegó a Santa Mónica, California, donde comenzó a entrenar en un gimnasio, mientras aprendía inglés y trataba de neutralizar su fuerte acento extranjero. A los 23 años, su carrera en el fisicoculturismo seguía en ascenso y ganó el primero de los 7 títulos que se adjudicó como Mr. Olympia, en Nueva York. Así marcó otro récord, ya que también fue el hombre más joven del mundo en obtener ese premio. Allí, decidió terminar su carrera en el culturismo y se enfocó de lleno en la actuación.

S

u primer coqueteo frente a las cámaras llegó en 1969, con la película “Hércules en Nueva York”, pero su acento austríaco era tan marcado que su voz tuvo que ser doblada. En 1975, los directores de cine, George Butler y Robert Fiore, le pidieron grabar su entrenamiento para un documental llamado “Pumping Iron” y debió retomar brevemente el fisicoculturismo. Al año siguiente, actuó en “Star Hungry”, junto a Jeff Bridges y Sally Field.

Así fue como, casi sin darse cuenta, empezó también a abrirse paso en la gran pantalla, ya que en 1982 protagonizó la inolvidable película, “Conan el Bárbaro”, que marcó el primer hito en su carrera como actor, fue un éxito en la taquilla y lo catapultó a la fama internacional. Dos años después, llegó la primera de sus cinco apariciones en “Terminator”, la película de ciencia ficción de James Cameron que -en su primera aparición- recaudó más de 80 millones de dólares.

Hollywood se rindió a sus pies en 1991 con “Terminator 2: el juicio final”, que se consagró como la película más taquillera del año. En los 90, el cachet de Arnold no dejaba de aumentar en cada film, como en “Mentiras Verdaderas”, Junior, “El protector”, “Un padre en apuros”, y “Batman y Robin”, entre muchas otras. Hoy, su patrimonio se estima en más de 400 millones de dólares.