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henri matisse, el genio del color

DE CONSERVADOR A VANGUARDISTA

En 1891, Matisse abandonó su empleo en el bufete de abogados para el cual trabajaba, y en 1892 se matriculó en la École des Beaux-Arts, donde recibió clases en el taller del pintor Gustave Moreau.

En aquella época, y según sus palabras, “tenía el cabello como el de Absalón, y estaba lejos de ser el típico estudiante de arte bohemio de la margen izquierda. Me puse de cabeza en el trabajo”. Matisse había recibido la típica educación de clase media del norte de Francia que lo marcaría para siempre: “Según el principio que había escuchado toda mi joven vida, expresado por las palabras ‘¡Date prisa!’. Como mis padres, me apresuré en mi trabajo, empujado por no sé qué, por una fuerza que hoy percibo como ajena a mi vida de hombre normal”. Su aspecto se asemejaba más al de un burgués que al de un miembro destacado de la vanguardia parisina: gafas con montura de oro, barba corta y cuidadosamente recortada y ropa de corte conservador.

Matisse retratado hacia 1913 con sus utensilios de pintor.

Matisse empezó a pintar en 1889, cuando su madre le regaló pinturas y pinceles para hacer sus primeras obras. En aquel momento de su vida, el pintor dijo haber “descubierto una especie de paraíso”. Desde entonces quiso dedicarse al arte, lo que decepcionó enormemente a su padre que le llegó a decir: “¡Te vas a morir de hambre!, ¿Me oyes, Henri…? ¡Es una carrera para vagabundos…!”. Matisse hizo sus pinitos en el arte copiando reproducciones en color de la caja de óleos que le había regalado su madre, y continuó más tarde con la decoración de la casa de sus abuelos. En 1891, abandonó su empleo en el bufete de abogados para el cual trabajaba, y en 1892 se matriculó en la Escuela de Bellas Artes de París, donde recibió clases en el taller del pintor Gustave Moreau. Allí coincidió con otros artistas como Rouault, Camoin y Marquet, además también se relacionó con el artista Raoul Dufy, discípulo de Pierre Bonnard.

AMOR/ODIO

En 1896, Matisse exhibió cuatro de sus pinturas en el Salón de la Sociedad Nacional de Bellas Artes de París, y obtuvo un rotundo éxito. Su cuadro Mujer leyendo, pintado en 1894, fue comprado por el gobierno francés para decorar el castillo de Rambouillet. Durante los dos años siguientes, Matisse viajó por la Bretaña y conoció al veterano pintor impresionista Camille Pissarro y también al escultor Auguste Rodin. Fue en esa época cuando descubrió las obras maestras impresionistas de la colección del mecenas Gustave Caillebotte. Gracias a su influencia, los colores de sus obras se volvieron, durante un tiempo, más claros, y, al mismo tiempo, más intensos. En 1897, Matisse daría su primer gran paso en el mundo del arte al pintar el cuadro La mesa de la cena, donde combinó una luminosidad similar a la utilizada por Pierre-Auguste Renoir con una composición de estilo clásico en rojo intenso y verde.

Una versión de la obra Mujer leyendo hecha por Henri Matisse en 1939.
Foto: Cordon Press

Matisse viajó durante dos años por la Bretaña y conoció al veterano impresionista Camille Pissarro y al escultor Auguste Rodin, que influyeron en su obra.

La relación entre Picasso y Matisse, que se conocieron en 1906 y eran como el día y la noche, también dio mucho que hablar. Mientras los que conocían a Pablo Picasso decían que era un tipo peculiar, egoísta y grosero, quienes conocían a Matisse, por su parte, hablaban de un hombre educado y reservado. El caso es que entre ellos surgiría una de las mayores rivalidades de la historia del arte. En realidad, los dos artistas sentían gran admiración a la vez que envidia el uno del otro, y sus obras respectivas les sirvieron de inspiración en numerosas ocasiones.

LAS “FIERAS”

Matisse pasó el verano de 1905 en compañía del artista André Derain en Colliure, un pequeño puerto pesquero del sur de Francia. Bajo el deslumbrante sol del Mediterráneo, Matisse se liberó rápidamente de lo que llamó “la tiranía” del puntillismo, una técnica artística que consiste en pintar un cuadro mediante el uso de puntos diminutos. En Colliure, Matisse revolucionó su propio arte: sus cuadros se convirtieron en una explosión de color: rojo contra verde, naranja contra azul y amarillo contra violeta. De aquella época son La ventana abierta y Mujer con sombrero, un cuadro en el que retrató a su esposa Amelie. Ese otoño, las dos pinturas se exhibieron en el Salón de Otoño, junto con obras de André Derain y Maurice de Vlaminck. Tras la exposición, el crítico de París Louis Vauxcelles bautizó a ese grupo de artistas como les fauves “las fieras”, y así nació el fauvismo, el primero de los “ismos” importantes de la pintura del siglo XX. Casi de inmediato, Matisse se convirtió en su líder más reconocido.