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Cumpliría 93 años el Che Guevara

ino al mundo el 14 de junio de 1928. En el transcurso de su primer viaje por Sudamérica, cruzó la cordillera por Lago Frías, junto a su amigo, Alberto Granado Jiménez.

Ernesto Guevara de la Serna todavía no cumplía 24 años cuando a bordo de La Poderosa II, hizo escala en Bariloche. Junto a su amigo Alberto Granado Jiménez, comenzaba el viaje iniciático por Sudamérica, periplo que torcería definitivamente el rumbo de su propia historia. En febrero de 1952, el joven rosarino no sabía que menos de una década más tarde, se convertiría en el Che. Aún sus ojos se llenaban de bosques, aguas azules y nieves eternas. Había nacido un 14 de junio, pero de 1928: hace escasos 93 años.

El comienzo de aquel año había encontrado a los jóvenes en la ruta. Habían comenzado su periplo en Córdoba a bordo de una Norton 500, a la que llamaban La Poderosa II. “Los dos amigos siguen su amplio recorrido el 14 de enero, hasta Necochea, donde cruzan el esbelto puente sobre el río Quequén Salado. Se detienen en el pequeño puerto de pescadores vascos, perteneciente al partido judicial (Departamento) de Lobería. Allí no solían aparecer los pitucos turistas de Buenos Aires”.

Puede encontrarse una somera descripción del itinerario que siguió la dupla en el libro “Che Guevara” (Ediciones Alfonsina – Editorial Caleuche 2013), del escritor vasco español Isidoro Calzada Macho. El autor residió buena parte de su vida en la Argentina y Paraguay, y conoció personalmente al Che en su juventud. Fue uno de los lanzamientos más queridos de Raúl Izaguirre, el recordado editor barilochense que falleció el año pasado.

“Dos días más tarde llegan a Bahía Blanca, alojándose en casa de unos amigos de Ernesto, la familia Saravia, donde son acogidos con gran cariño. Es en este lugar cuando realizan la primera puesta a punto de su motocicleta, tras un recorrido de unos 1.800 kilómetros. Les aconsejan salir de madrugada, cuando la arena está apelmazada a consecuencia directa del rocío”, reconstruyó el autor.

Pero los viajeros hicieron oídos sordos a esa recomendación, porque “parten el 21 de enero, al mediodía, cuando La Poderosa II está ya lista. Dejando atrás Bahía Blanca marchan hacia el oeste, iniciando el cruce de la zona más árida de la República Argentina, los Médanos. Sobre una arena ardiente, sufren numerosas caídas, turnándose en los mandos. Así las cosas, Granado solo permite a su compañero de viaje la responsabilidad de la conducción en lugares aislados”.

El rigor de la travesía tuvo sus consecuencias. “Hacen una primera etapa en Choele-Choel, donde se ven obligados a permanecer dos días como consecuencia del malestar asmático y un acceso de fiebre que afecta a Ernesto, hasta el extremo de ser hospitalizado. Continúan el viaje hacia Villa Regina, ciudad de emigrantes llegados de Italia. También llegan a Cervantes, pueblo fundado por el escritor Vicente Blasco Ibáñez. Al futuro Che le impresiona mucho saber que ese autor había estado allí, plantando árboles frutales, igual que en la provincia de Corrientes se dedicó a sembrar arroz”. Guevara de la Serna era su ferviente animador.

Ernesto, cuando todavía no era el Che

Un par de etapas más y la cordillera estuvo al alcance de la Norton. “Después alcanzan Neuquén, capital de una provincia andina de igual nombre; y desde allí se dirigen hacia el sur, en demanda de San Martín de los Andes. Aquí suben, con gran peligro, por cierto, un glaciar de la cordillera y en contemplan en él, por primera vez en su existencia, un ejemplar de huemul, que es un mamífero con apariencia de ciervo rechoncho y chico. También tienen tiempo de reflexionar sobre el contraste que hay entre la belleza del paisaje y la riqueza del lugar, ambas opuestas a la pobreza de los campesinos de la zona. Es aquí donde les hablan de la existencia de un puma chileno, que merodea por la región”. Obvio, los felinos no tienen nacionalidad.

“El 3 de febrero siguen su camino hacia el sur desde San Martín de los Andes. Una noche, mientras duermen en un pajar, los despierta un extraño ruido. Medio adormilados, miran hacia el exterior y descubren dos ojos fosforescentes. Es Ernesto quien reacciona, sacando su revólver de la mochila, y dispara. Enseguida escuchan un aullido, por lo que deducen que han matado al peligroso felino. Pero ya a la mañana son despertados por los lamentos de la propietaria de la casa de campo, quien, muy enojada, llora amargamente la muerte de su perro y los llama (les dice) de todo. Como las explicaciones que dan son inútiles, abandonan sin más el lugar lamentando el penoso incidente”. Desacertado bautismo de fuego…

No mucho después, “prosiguen su viaje acampando en San Carlos de Bariloche, junto al bellísimo Lago Nahuel Huapi, y cerca del hotel Llao Llao”. Recordemos que Calzado Macho no estaba familiarizado con la zona. “Están en una región turística de elite, considerada la Suiza argentina, con densos bosques y sinuosos caminos de montaña. A la altura de Bariloche cruzan la frontera con Chile, bordeando en este caso la ribera norte del hermoso Lago Llanquihue. Lo hacen por el camino que discurre de este a oeste, junto al agua, y al no menos bello y nevado volcán Osorno”. De ahí el homenaje que prodiga al Che el Parque Nacional Nahuel Huapi, en Lago Frías, a través de una réplica de La Poderosa. Por allí pasó un pibe rosarino que, apenas 15 años más tarde, adquiriría estatura de mito americano. Hoy cumpliría años.